Crónicas desde Cracovia (5)


Por fin llegó el día. Nuestros jóvenes asistieron al encuentro vocacional enmarcado en la JMJ. Como muchos habréis visto ya por los enlaces que transmitieron la señal de televisión del evento, miles de chicos, chicas y familias enteras se levantaron para ofrecer su vida al Señor, para ponerlo en este momento como único Norte en sus vidas.

Hoy tienen otra cita muy especial. Visitarán esta tarde el campo de exterminio nazi de Auswitch donde se calcula murieron un millón cien mil seres humanos, el 90% de ellos judios. Por ello, os voy a dejar un enlace que espero os ayude a entrar en comunión con nuestro grupo, la oración que aún resuena entre las paredes de los barracones de Austwich.

Por cierto, notad como en estas crónicas no os damos las experiencias personales de los jóvenes. Esto tiene como motivo el dejarlas para la celebración que realizaremos en la parroquia a la vuelta de nuestra expedición.

Esta es la crónica de hoy:

Ayer no pudimos adquirir ningún souvenir en el santuario porque era tarde y estaban ya cerradas las tiendas. Muchos lamentábamos el no poder llevarnos una imagen de María de Jasna Gora.

Hoy se celebraba el encuentro vocacional con el equipo iniciador del camino neocatecumenal y los jóvenes del mundo aunque, por vez primera, Carmen Hernández nos acompañaría desde el cielo. Queríamos llevar comida, salir con tiempo para asegurarnos un lugar en la esplanada donde Kiko y el padre Mario nos iban a anunciar el Kerigma. Y he aquí que, muy tempranito, el Señor nos tenía guardada una sorpresa. Mientras se hacía el reparto de la comida, antes de subir al autobús ha aparecido un hombre que vendía pequeños iconos imantados con la imagen de la Virgen, ¡qué alegría! y qué contento se ha ido el hombre, ¡los ha vendido todos! Una vez más, Dios provee.

Chestokova amanecía entre nubes y lluvia como forrada por un bello manto de terciopelo verde, ¡cuántas variedades de verde juntas Dios mío! De camino al encuentro hemos rezado Laudes teniendo de fondo la palabra vocación. Ya desde la monición ambiental, Ana nos animaba a escuchar, a tener el oído abierto para conocer cuál era la voluntad de Dios en nuestras vidas ya que la primera vocación es ser cristiano. El evangelio del día, nos presentaba la multiplicación de panes con los que se daba de comer a una multitud. Enrique, el presbítero, nos decía entre otras cosas: “Dios sabe lo que tiene que hacer con cada uno. Está vivo en tu vida, te da coraje para llevarla adelante. La yerba es la Iglesia que te acoge, deja que te recuestes en ella y te alimenta de la mano de sus discípulos, entra en humildad. Si tú te preguntas ¿qué va a hacer Dios conmigo? yo te lo digo: obras grandes. La Eucaristía se parte por ti para que seamos transmisores de Dios. La vida cristiana es una vida en oración. A través de María llegamos a Jesús y conociendo a Jesús llegamos al Padre. Pregunta a Dios en estos minutos de oración: ¿qué quieres de mí? ¿dónde voy a ser feliz? Concédeme esta gracia, ser feliz haciendo tu voluntad.”

Entre tanto, la lluvia nos acompañaba en algunos tramos de la carretera. Si el Señor nos concediera que no lloviera durante el encuentro… Ángel de la Guarda, dulce compañía…

A pesar de las retenciones, hemos llegado pronto al lugar indicado pudiendo elegir un buen sitio. Lavabos, pantalla, yerba alta, suelo mullido…se estaba cumpliendo el evangelio, recostados sobre la yerba, por grupos, compartiendo comida, agua, mochilas, velas, bolsas. Otra vez: Dios provee.

Unos espesos y negros nubarrones amenazaban lluvia, paciencia…Ángel de la Guarda, dulce compañía…

Pronto llegarían Kiko y el padre Mario y empezaría el encuentro. Los nubarrones han tomado otro rumbo. Echábamos de menos a Carmen, seguro que estaba intercediendo desde arriba para que no lloviera. Kiko nos ha saludado con un nuevo canto. Después nos ha recordado mediante la proyección de un vídeo una de las mejores intervenciones de Carmen de hace unos años defendiendo a la mujer como la fábrica de la vida, hablando con valentía de la virginidad, del aborto, del matrimonio. Entre predicación y predicación aparecía un hermano conocido por aquí, otro por allá y se ha producido un verdadero encuentro tanto con Dios como con los hermanos.

Kiko nos ha invitado a contemplar el misterio de la transfiguración que tanto apasionaba a Carmen y ha insistido en la importancia del Camino para ayudar a hacer crecer la fe y la esperanza en la vida eterna. Cautivados por la palabra, nos hemos olvidado de las negras nubes que ahora nos servían de sombra. Se nos ha hinchado el corazón de celo por anunciar el Evangelio en gratitud a Dios que es el amor absoluto pues todo lo ha creado para nosotros, seres únicos en el universo, con nombre y apellido, con un Reino preparado para acogernos como personas libres. Cristo quiere ser uno contigo, quiere darte un corazón grande.

También el padre Mario nos ha dedicado unas palabras destacando la importancia del Concilio Vaticano II y de cómo el Camino lo ha llevado a la práctica. Muchos de los jóvenes allí presentes, la mayoría, son frutos del Camino, del amor sin barreras que sus padres cristianos se han profesado. Se han hecho las llamadas a la vocación y el Espíritu ha sido generoso, 3.000 chicos, 4.000 chicas y 2.000 familias, miles de vocaciones han culminado el encuentro. Y así, entre cantos y bailes nos despedíamos, aplaudiendo a las fuerzas de seguridad, voluntarios y demás personas que han hecho posible esta maravillosa celebración.

La llegada al hotel, una buena ducha y una cena exquisita han coronado este día lleno de esperanza y de júbilo. La nubes también se despedían dejando asomar a un sol que nos saludaba tímidamente antes de su ocaso.

Gracias Señor, gracias Ángel de la Guarda, gracias Kiko Carmen y Mario.

Hasta mañana, rezad por nosotros. Desde aquí no paramos de hacerlo por vosotros.

 

 

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Crónicas desde Cracovia (4)


Resulta imposible para el que os escribe no emocionarse, en esta ocasión especialmente, al transcribir las palabras que llegan desde Polonia. Nuestro grupo ha asistido a la eucaristía con la que se clausura la JMJ de 2016 y ha podido orar y dar gracias ante la Virgen negra de Chestokova tal y como muchos del los que nos leéis hicimos el año 1991 cuando San Juan Pablo II nos convocó en ese mismo lugar para alentarnos a no tener miedo a ser cristianos.

Podéis dejar  vuestros comentarios y ánimos al grupo al final de la página.

“Buenos días, ¡despertad peregrinos!” Con estas palabras ha comenzado este cuarto día de peregrinación. Hemos despertado en el Campo de la Misericordia preparados para escuchar las palabras que el papa Francisco tenía para todos nosotros.

En la Santa Misa, durante la homilía y sirviéndose del evangelio nos ha hablado el Papa de la historia de Zaqueo. Nos explicaba que el publicano tenía tres impedimentos para acercarse a Jesús. El primero era su pequeña estatura aunque no era este solo un problema físico sino de baja autoestima y la consecuencia que esto supone para la fe. El segundo impedimento que tenía Zaqueo era el miedo al que dirán, a la crítica. El Papa nos animaba a no tener miedo a acercarnos y a anunciar el amor de Cristo. En el último impedimento nos hablaba de la vergüenza paralizante, traducida como el miedo a no ser aceptado, el miedo al rechazo. También nos invitaba a no dejarnos llevar por la droga del egoísmo a imitar la memoria fiel de Dios y a custodiar el bien que hemos recibido durante todos estos días de peregrinación.

Ya finalizadas unas Jornadas Mundiales de la Juventud que a muchos nos han parecido un abrir y cerrar de ojos, tocaba volver a poneros en ruta. Tras una larga caminata, acompañados de un sol sofocante sobre nuestras cabezas hemos llegado al fin a nuestro autobús. Sudorosos, cansados pero con gran Paz al saber que a pesar de que ser un cristiano joven en la sociedad actual es nadar contra corriente, no lo hacemos solos, porque formamos parte de un mismo espíritu junto con miles de jóvenes de todo el mundo.

pm116aEl día ha finalizado con nuestra llegada a Chestokova y la visita al santuario de Jasna Gora, un complejo arquitectónico de casi cinco hectáreas donde hemos tenido la oportunidad de postrarnos ante la virgen de Crestokova y pedirle una gracia. Dado el color tan oscuro de la cara y de las manos de Nuestra Señora, el icono ha sido afectuosamente llamada la Madonna Negra y era una imagen profundamente admirada por San Juan Pablo II.

Luego hemos rezado un rosario todos juntos en el santuario, terminando un día muy intenso, pues no puede haber mejor final que poniéndonos en manos de nuestra madre la Virgen.

Rezad por nosotros, hasta mañana.

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Homilía del Papa Francisco en la Misa de clausura de la JMJ Cracovia 2016


Queridos jóvenes: habéis venido a Cracovia para encontraros con Jesús. Y el Evangelio de hoy nos habla precisamente del encuentro entre Jesús y un hombre, Zaqueo, en Jericó (cf. Lc 19,1-10). Allí Jesús no se limita a predicar, o a saludar a alguien, sino que quiere —nos dice el Evangelista— cruzar la ciudad (cf. v. 1). Con otras palabras, Jesús desea acercarse a la vida de cada uno, recorrer nuestro camino hasta el final, para que su vida y la nuestra se encuentren realmente.

Tiene lugar así el encuentro más sorprendente, el encuentro con Zaqueo, jefe de los «publicanos», es decir, de los recaudadores de impuestos. Así que Zaqueo era un rico colaborador de los odiados ocupantes romanos; era un explotador de su pueblo, uno que debido a su mala fama no podía ni siquiera acercarse al Maestro. Sin embargo, el encuentro con Jesús cambió su vida, como sucedió, y cada día puede suceder, con cada uno de nosotros. Pero Zaqueo tuvo que superar algunos obstáculos para encontrarse con Jesús: al menos tres, que también pueden enseñarnos algo a nosotros.

El primero es la baja estatura: Zaqueo no conseguía ver al Maestro, porque era bajo. También nosotros podemos hoy caer en el peligro de quedarnos lejos de Jesús porque no nos sentimos a la altura, porque tenemos una baja consideración de nosotros mismos. Esta es una gran tentación, que no sólo tiene que ver con la autoestima, sino que afecta también la fe. Porque la fe nos dice que somos «hijos de Dios, pues ¡lo somos!» (1 Jn 3,1): hemos sido creados a su imagen; Jesús hizo suya nuestra humanidad y su corazón nunca se separará de nosotros; el Espíritu Santo quiere habitar en nosotros; estamos llamados a la alegría eterna con Dios. Esta es nuestra «estatura», esta es nuestra identidad espiritual: somos los hijos amados de Dios, siempre. Entendéis entonces que no aceptarse, vivir infelices y pensar en negativo significa no reconocer nuestra identidad más auténtica: es como darse la vuelta cuando Dios quiere fijar sus ojos en mí; significa querer impedir que se cumpla su sueño en mí. Dios nos ama tal como somos, y no hay pecado, defecto o error que lo haga cambiar de idea. Para Jesús —nos lo muestra el Evangelio—, nadie es inferior y distante, nadie es insignificante, sino que todos somos predilectos e importantes: ¡Tú eres importante! Y Dios cuenta contigo por lo que eres, no por lo que tienes: ante él, nada vale la ropa que llevas o el teléfono móvil que utilizas; no le importa si vas a la moda, le importas tú. A sus ojos, vales, y lo que vales no tiene precio.

Cuando en la vida sucede que apuntamos bajo en vez de a lo alto, nos puede ser de ayuda esta gran verdad: Dios es fiel en su amor, y hasta obstinado. Nos ayudará pensar que nos ama más de lo que nosotros nos amamos, que cree en nosotros más que nosotros mismos, que está siempre de nuestra parte, como el más acérrimo de los «hinchas». Siempre nos espera con esperanza, incluso cuando nos encerramos en nuestras tristezas, rumiando continuamente los males sufridos y el pasado. Pero complacerse en la tristeza no es digno de nuestra estatura espiritual. Es más, es un virus que infecta y paraliza todo, que cierra cualquier puerta, que impide que la vida se reavive, que recomience. Dios, sin embargo, es obstinadamente esperanzado: siempre cree que podemos levantarnos y no se resigna a vernos apagados y sin alegría. Porque somos siempre sus hijos amados. Recordemos esto al comienzo de cada día. Nos hará bien decir todas las mañanas en la oración: «Señor, te doy gracias porque me amas; haz que me enamore de mi vida». No de mis defectos, que hay que corregir, sino de la vida, que es un gran regalo: es el tiempo para amar y ser amado.

Zaqueo tenía un segundo obstáculo en el camino del encuentro con Jesús: la vergüenza paralizante. Podemos imaginar lo que sucedió en el corazón de Zaqueo antes de subir a aquella higuera, habrá tenido una lucha afanosa: por un lado, la curiosidad buena de conocer a Jesús; por otro, el riesgo de hacer una figura bochornosa. Zaqueo era un personaje público; sabía que, al intentar subir al árbol, haría el ridículo delante de todos, él, un jefe, un hombre de poder. Pero superó la vergüenza, porque la atracción de Jesús era más fuerte. Habréis experimentado lo que sucede cuando una persona se siente tan atraída por otra que se enamora: entonces sucede que se hacen de buena gana cosas que nunca se habrían hecho. Algo similar ocurrió en el corazón de Zaqueo, cuando sintió que Jesús era de tal manera importante que habría hecho cualquier cosa por él, porque él era el único que podía sacarlo de las arenas movedizas del pecado y de la infelicidad. Y así, la vergüenza paralizante no triunfó: Zaqueo —nos dice el Evangelio— «corrió más adelante», «subió» y luego, cuando Jesús lo llamó, «se dio prisa en bajar» (vv. 4.6.). Se arriesgó y actuó. Esto es también para nosotros el secreto de la alegría: no apagar la buena curiosidad, sino participar, porque la vida no hay que encerrarla en un cajón. Ante Jesús no podemos quedarnos sentados esperando con los brazos cruzados; a él, que nos da la vida, no podemos responderle con un pensamiento o un simple «mensajito».

Queridos jóvenes, no os avergoncéis de llevarle todo, especialmente las debilidades, las dificultades y los pecados, en la confesión: Él sabrá sorprenderos con su perdón y su paz. No tengáis miedo de decirle «sí» con toda la fuerza del corazón, de responder con generosidad, de seguirlo. No os dejéis anestesiar el alma, sino aspirad a la meta del amor hermoso, que exige también renuncia, y un «no» fuerte al doping del éxito a cualquier precio y a la droga de pensar sólo en sí mismo y en la propia comodidad.

Después de la baja estatura y la vergüenza paralizante, hay un tercer obstáculo que Zaqueo tuvo que enfrentar, ya no en su interior sino a su alrededor. Es la multitud que murmura, que primero lo bloqueó y luego lo criticó: Jesús no tenía que entrar en su casa, en la casa de un pecador. ¿Qué difícil es acoger realmente a Jesús, qué duro es aceptar a un «Dios, rico en misericordia» (Ef 2,4). Puede que os bloqueen, tratando de haceros creer que Dios es distante, rígido y poco sensible, bueno con los buenos y malo con los malos. En cambio, nuestro Padre «hace salir su sol sobre malos y buenos» (Mt 5,45), y nos invita al valor verdadero: ser más fuertes que el mal amando a todos, incluso a los enemigos. Puede que se rían de vosotros, porque creéis en la fuerza mansa y humilde de la misericordia. No tengáis miedo, pensad en cambio en las palabras de estos días: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7). Puede que os juzguen como unos soñadores, porque creéis en una nueva humanidad, que no acepta el odio entre los pueblos, ni ve las fronteras de los países como una barrera y custodia las propias tradiciones sin egoísmo y resentimiento. No os desaniméis: con vuestra sonrisa y vuestros brazos abiertos predicáis la esperanza y sois una bendición para la única familia humana, tan bien representada por vosotros aquí.

Aquel día, la multitud juzgó a Zaqueo, lo miró con desprecio; Jesús, en cambio, hizo lo contrario: levantó los ojos hacia él (v. 5). La mirada de Jesús va más allá de los defectos para ver a la persona; no se detiene en el mal del pasado, sino que divisa el bien en el futuro; no se resigna frente a la cerrazón, sino que busca el camino de la unidad y de la comunión; en medio de todos, no se detiene en las apariencias, sino que mira al corazón. Jesús mira nuestro corazón, tu corazón, mi corazón. Con esta mirada de Jesús, podéis hacer surgir una humanidad diferente, sin esperar a que os digan «qué buenos sois», sino buscando el bien por sí mismo, felices de conservar el corazón limpio y de luchar pacíficamente por la honestidad y la justicia. No os detengáis en la superficie de las cosas y desconfiad de las liturgias mundanas de la apariencia, del maquillaje del alma para aparentar ser mejores. Por el contrario, instalad bien la conexión más estable, la de un corazón que ve y transmite el bien sin cansarse. Y esa alegría que habéis recibido gratis de Dios, dadla gratis (cf. Mt 10,8), porque son muchos los que la esperan.

Escuchamos por último las palabras de Jesús a Zaqueo, que parecen dichas a propósito para nosotros en este momento: «Date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa» (v. 5). Date prisa, porque hoy es necesario que me quede en tu casa. Ábrele la puerta de tu corazón.

Jesús te dirige la misma invitación: «Hoy tengo que alojarme en tu casa». La Jornada Mundial de la Juventud, podríamos decir, comienza hoy y continúa mañana, en casa, porque es allí donde Jesús quiere encontrarnos a partir de ahora. El Señor no quiere quedarse solamente en esta hermosa ciudad o en los recuerdos entrañables, sino que quiere venir a tu casa, vivir tu vida cotidiana: el estudio y los primeros años de trabajo, las amistades y los afectos, los proyectos y los sueños. Cómo le gusta que todo esto se lo llevemos en la oración. Él espera que, entre tantos contactos y chats de cada día, el primer puesto lo ocupe el hilo de oro de la oración. Cuánto desea que su Palabra hable a cada una de tus jornadas, que su Evangelio sea tuyo, y se convierta en tu «navegador» en el camino de la vida.

Jesús, a la vez que te pide de ir a tu casa, como hizo con Zaqueo, te llama por tu nombre. Tu nombre es precioso para él. El nombre de Zaqueo evocaba, en la lengua de la época, el recuerdo de Dios.

Fiaros del recuerdo de Dios: su memoria no es un «disco duro» que registra y almacena todos nuestros datos, sino un corazón tierno de compasión, que se regocija eliminando definitivamente cualquier vestigio del mal. Procuremos también nosotros ahora imitar la memoria fiel de Dios y custodiar el bien que hemos recibido en estos días. En silencio hagamos memoria de este encuentro, custodiemos el recuerdo de la presencia de Dios y de su Palabra, reavivemos en nosotros la voz de Jesús que nos llama por nuestro nombre. Así pues, recemos en silencio, recordando, dando gracias al Señor que nos ha traído aquí y ha querido encontrarnos.

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Discurso del Papa Francisco en la Vigilia de la JMJ Cracovia 2016


Queridos jóvenes, buenas tardes

Es bueno estar aquí con ustedes en esta Vigilia de oración.

Al terminar su valiente y conmovedor testimonio, Rand nos pedía algo. Nos decía: «Les pido encarecidamente que recen por mi amado país». Una historia marcada por la guerra, el dolor, la pérdida, que finaliza con un pedido: el de la oración. Qué mejor que empezar nuestra vigilia rezando.

Venimos desde distintas partes del mundo, de continentes, países, lenguas, culturas, pueblos diferentes. Somos «hijos» de naciones, que quizá pueden estar enfrentadas luchando por diversos conflictos, o incluso estar en guerra. Otros venimos de países que pueden estar en «paz», que no tienen conflictos bélicos, donde muchas de las cosas dolorosas que suceden en el mundo sólo son parte de las noticias y de la prensa.

Pero seamos conscientes de una realidad: para nosotros, hoy y aquí, provenientes de distintas partes del mundo, el dolor, la guerra que viven muchos jóvenes, deja de ser anónima, para nosotros deja de ser una noticia de prensa, tiene nombre, tiene rostro, tiene historia, tiene una cercanía.

Hoy la guerra en Siria, es el dolor y el sufrimiento de tantas personas, de tantos jóvenes como la valiente Rand, que está aquí entre nosotros pidiéndonos que recemos por su amado país.

Existen situaciones que nos pueden resultar lejanas hasta que, de alguna manera, las tocamos. Hay realidades que no comprendemos porque sólo las vemos a través de una pantalla (del celular o de la computadora).

Pero cuando tomamos contacto con la vida, con esas vidas concretas no ya mediatizadas por las pantallas, entonces nos pasa algo importante, todos sentimos la invitación a involucrarnos: «No más ciudades olvidadas», como dice Rand: ya nunca puede haber hermanos «rodeados de muerte y homicidios» sintiendo que nadie los va a ayudar.

Queridos amigos, los invito a que juntos recemos por el sufrimiento de tantas víctimas fruto de la guerra, esta guerra que hay hoy en el mundo, recemos por tantas familias de la amada Siria y de otras partes del mundo, para que de una vez por todas podamos comprender que nada justifica la sangre de un hermano, que nada es más valioso que la persona que tenemos al lado. Y en este pedido de oración también quiero agradecerles a Natalia y a Miguel, porque ustedes también nos han compartido sus batallas, sus guerras interiores. Nos han mostrado sus luchas y cómo hicieron para superarlas. Son signo vivo de lo que la misericordia quiere hacer en nosotros.

Nosotros no vamos a gritar ahora contra nadie, no vamos a pelear, no queremos destruir, no queremos insultar. Nosotros no queremos vencer el odio con más odio, vencer la violencia con más violencia, vencer el terror con más terror. Nosotros hoy estamos aquí, porque el Señor nos ha convocado. Y nuestra respuesta a este mundo en guerra tiene un nombre: se llama fraternidad, se llama hermandad, se llama comunión, se llama familia.

Celebremos el venir de culturas diferentes y nos unimos para rezar. Que nuestra mejor palabra, que nuestro mejor discurso, sea unirnos en oración. Hagamos un rato de silencio y recemos; pongamos ante Dios los testimonios de estos amigos, identifiquémonos con aquellos para quienes «la familia es un concepto inexistente, y la casa sólo un lugar donde dormir y comer», o con quienes viven con el miedo de creer que sus errores y pecados los han dejado definitivamente afuera. Pongamos también las «guerras» de ustedes, nuestras guerras, las luchas que cada uno trae consigo, dentro de su corazón, en presencia de nuestro Dios. Y para esto, para estar en familia, los invito a ponerse de pie, a tomarse de la mano y rezar en silencio, todos.

(Oración en silencio)

Mientras rezábamos, me venía a la mente la imagen de los Apóstoles el día de Pentecostés. Una escena que nos puede ayudar a comprender todo lo que Dios sueña realizar en nuestra vida, en nosotros y con nosotros. Aquel día, los discípulos estaban encerrados por miedo. Se sentían amenazados por un entorno que los perseguía, que los arrinconaba en una pequeña habitación, obligándolos a permanecer quietos y paralizados. El temor se había apoderado de ellos. En ese contexto, pasó algo espectacular, algo grandioso. Vino el Espíritu Santo y unas lenguas como de fuego se posaron sobre cada uno, impulsándolos a una aventura que jamás habrían soñado. Las cosa cambia así.

Hemos escuchado tres testimonios, hemos tocado, con nuestros corazones, sus historias, sus vidas. Hemos visto cómo ellos, al igual que los discípulos, han vivido momentos similares, han pasado momentos donde se llenaron de miedo, donde parecía que todo se derrumbaba. El miedo y la angustia que nace de saber que al salir de casa uno puede no volver a ver a los seres queridos, el miedo a no sentirse valorado ni querido, el miedo a no tener otra oportunidad.

Ellos nos compartieron la misma experiencia que tuvieron los discípulos, han experimentado el miedo que sólo conduce a un lugar: ¿Adónde nos lleva el miedo? Al encierro. Y cuando el miedo se acovacha en el encierro siempre va acompañado por su «hermana gemela»: la parálisis, sentirnos paralizados. Sentir que en este mundo, en nuestras ciudades, en nuestras comunidades, no hay ya espacio para crecer, para soñar, para crear, para mirar horizontes, en definitiva para vivir, es de los peores males que se nos puede meter en la vida, y más en la juventud. La parálisis nos va haciendo perder el encanto de disfrutar del encuentro, de la amistad; el encanto de soñar juntos, de caminar con otros. Nos aleja de los otros, nos impide tender la mano. Como hemos visto, todos encerrados en ese lugar de adentro.

Pero en la vida hay otra parálisis todavía más peligrosa para los jóvenes, y muchas veces difícil de identificar; y que nos cuesta mucho descubrir. Me gusta llamarla la parálisis que nace cuando se confunde «felicidad» con un «sofá/kanapa». Sí, creer que para ser feliz necesitamos un buen sofá. Un sofá que nos ayude a estar cómodos, tranquilos, bien seguros. Un sofá —como los que hay ahora modernos con masajes adormecedores incluidos— que nos garantiza horas de tranquilidad para trasladarnos al mundo de los videojuegos y pasar horas frente a la computadora.

Un sofá contra todo tipo de dolores y temores. Un sofá que nos haga quedarnos en casa encerrados, sin fatigarnos ni preocuparnos. La «sofá-felicidad», «la kanapa-szcz??cie», es probablemente la parálisis silenciosa que más nos puede perjudicar, la juventud. ¿Y por qué sucede esto Padre? Porque poco a poco, sin darnos cuenta, nos vamos quedando dormidos, nos vamos quedando embobados y atontados. Ayer hablaba de los jóvenes que se jubilan a los 20 años, hoy hablo de los jóvenes adormecidos, embobados, atontados.

Mientras otros —quizás los más vivos, pero no los más buenos— deciden el futuro por nosotros. Es cierto, para muchos es más fácil y beneficioso tener a jóvenes embobados y atontados que confunden felicidad con un sofá; para muchos eso les resulta más conveniente que tener jóvenes despiertos, inquietos respondiendo al sueño de Dios y a todas las aspiraciones del corazón.

Les pregunto a ustedes ¿Quieren ser jóvenes adormecidos, embobados, atontados? ¿Quieren que otros decidan el futuro por ustedes? ¿Quieren ser libres? ¿Quieren luchar por su futuro? No están muy convencidos, eh. ¿Quieren luchar por su futuro? (¡Sí!)

Pero la verdad es otra: queridos jóvenes, no vinimos a este mundo a «vegetar», a pasarla cómodamente, a hacer de la vida un sofá que nos adormezca; al contrario, hemos venido a otra cosa, a dejar una huella. Es muy triste pasar por la vida sin dejar una huella. Pero cuando optamos por la comodidad, por confundir felicidad con consumir, entonces el precio que pagamos es muy, pero que muy caro: perdemos la libertad. No somos libres para dejar una huella, perdemos la libertad. Este es el precio y hay mucha gente que quiere que los jóvenes no sean libres, que sigan atontados, embobados, adormecidos. Esto no puede ser, debemos defender nuestra libertad.

Ahí está precisamente una gran parálisis, cuando comenzamos a pensar que felicidad es sinónimo de comodidad, que ser feliz es andar por la vida dormido o narcotizado, que la única manera de ser feliz es ir como atontado. Es cierto que la droga hace mal, pero hay muchas otras drogas socialmente aceptadas que nos terminan volviendo tanto o más esclavos. Unas y otras nos despojan de nuestro mayor bien: la libertad. Nos despojan de la libertad.

Amigos, Jesús es el Señor del riesgo, el Señor del siempre «más allá». Jesús no es el Señor del confort, de la seguridad y de la comodidad. Para seguir a Jesús, hay que tener una cuota de valentía, hay que animarse a cambiar el sofá por un par de zapatos que te ayuden a caminar por caminos nunca soñados y menos pensados, por caminos que abran nuevos horizontes, capaces de contagiar alegría, esa alegría que nace del amor de Dios, la alegría que deja en tu corazón cada gesto, cada actitud de misericordia.

Ir por los caminos siguiendo la «locura» de nuestro Dios que nos enseña a encontrarlo en el hambriento, en el sediento, en el desnudo, en el enfermo, en el amigo caído en desgracia, en el que está preso, en el prófugo y el emigrante, en el vecino que está solo. Ir por los caminos de nuestro Dios que nos invita a ser actores políticos, personas que piensan, movilizadores sociales.

Que nos incita a pensar una economía más solidaria. En todos los ámbitos en los que ustedes se encuentren, ese amor de Dios nos invita llevar la buena nueva, haciendo de la propia vida un homenaje a Él y a los demás. Y esto significa ser valiente, significa ser libres.

Podrán decirme: «Padre pero eso no es para todos, sólo es para algunos elegidos». Sí, es verdad, y estos elegidos son todos aquellos que estén dispuestos a compartir su vida con los demás. De la misma manera que el Espíritu Santo transformó el corazón de los discípulos el día de Pentecostés, estaban paralizados, lo hizo también con nuestros amigos que compartieron sus testimonios.

Uso tus palabras, Miguel, vos nos decías que el día que en la Facenda te encomendaron la responsabilidad de ayudar a que la casa funcionara mejor, ahí comenzaste a entender que Dios pedía algo de ti. Así comenzó la transformación.

Ese es el secreto, queridos amigos, que todos estamos llamados a experimentar. Dios espera algo de ti, ¿Han entendido? Dios quiere algo de ti, Dios te espera a ti. Dios viene a romper nuestras clausuras, viene a abrir las puertas de nuestras vidas, de nuestras visiones, de nuestras miradas. Dios viene a abrir todo aquello que te encierra. Te está invitando a soñar, te quiere hacer ver que el mundo con vos puede ser distinto. Eso sí, si vos no ponés lo mejor de vos, el mundo no será distinto. Es un desafío.

El tiempo que hoy estamos viviendo, no necesita jóvenes-sofá, m?ody-kanapa, sino jóvenes con zapatos; mejor aún, con los botines puestos. Este tiempo sólo acepta jugadores titulares en la cancha, no hay espacio para suplentes. El mundo de hoy les pide que sean protagonistas de la historia porque la vida es linda siempre y cuando querramos vivirla, siempre y cuando querramos dejar una huella.

La historia hoy nos pide que defendamos nuestra dignidad y no dejemos que sean otros los que decidan nuestro futuro. No, nosotros debemos decidir nuestro futuro, ustedes el suyo. El Señor, al igual que en Pentecostés, quiere realizar uno de los mayores milagros que podamos experimentar: hacer que tus manos, mis manos, nuestras manos se transformen en signos de reconciliación, de comunión, de creación. Él quiere tus manos para seguir construyendo el mundo de hoy. Él quiere construirlo con vos. ¿Y tú qué cosa respondes? ¿Sí o no?

Me dirás, Padre, pero yo soy muy limitado, soy pecador, ¿qué puedo hacer? Cuando el Señor nos llama no piensa en lo que somos, en lo que éramos, en lo que hemos hecho o de dejado de hacer. Al contrario: Él, en ese momento que nos llama, está mirando todo lo que podríamos dar, todo el amor que somos capaces de contagiar. Su apuesta siempre es al futuro, al mañana. Jesús te proyecta al horizonte, nunca al museo.

Por eso, amigos, hoy Jesús te invita, te llama a dejar tu huella en la vida, una huella que marque la historia, que marque tu historia y la historia de tantos. La vida de hoy nos dice que es mucho más fácil fijar la atención en lo que nos divide, en lo que nos separa. Pretenden hacernos creer que encerrarnos es la mejor manera para protegernos de lo que nos hace mal. Hoy los adultos necesitamos de ustedes, que nos enseñen como ahora hacen ustedes, a convivir en la diversidad, en el diálogo, en compartir la multiculturalidad, no como una amenaza sino, como una oportunidad y ustedes son una oportunidad para el futuro: tengan valentía para enseñarnos que es más fácil construir puentes que levantar muros. Necesitamos aprender esto.

Y todos juntos pidamos que nos exijan transitar por los caminos de la fraternidad. Que sean ustedes nuestros acusadores si elegimos la vida de los muros, de la enemistad, de la guerra. Construir puentes: ¿Saben cuál es el primer puente a construir? Un puente que podemos realizarlo aquí y ahora: estrecharnos la mano, darnos la mano. Anímense, hagan ahora, aquí, ese puente primordial, y dénse la mano, todos ustedes. Es el gran puente fraterno, el modelo.

Siempre está el riesgo de quedarse con la mano tendida, pero en la vida es necesario arriesgarse, quien no se arriesga no gana. Estrechen sus manos, gracias.

Y ojalá aprendan a hacerlo los grandes de este mundo… pero no para la fotografía, sino para seguir construyendo puentes más y más grandes. Que éste puente humano sea semilla de tantos otros; será una huella.

Hoy Jesús, que es el camino, a ti, a ti, a ti, te llama a dejar tu huella en la historia. Él, que es la vida, te invita a dejar una huella que llene de vida tu historia y la de tantos otros. Él, que es la verdad, te invita a desandar los caminos del desencuentro, la división y el sinsentido. ¿Te animas? ¿Qué responden ahora, quiero ver tus manos y tus pies al Señor, que es camino, verdad y vida?

Que el Señor bendiga sus sueños, gracias.

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Crónicas desde Cracovia (3)


Esta madrugada nuestros hermanos de las parroquias de San Francisco de Asís y del Corpus Christi de Alicante han madrugado mucho para ponerse en camino del Campus Misericordiae donde han tenido el encuentro con el papa y donde, en los momentos de escribir estas letras, duermen a la espera de celebrar la eucaristía. Hemos recibido hoy los primeros vídeos con los que podréis haceros una idea más clara de los impresionantes momentos que se están viviendo. Esperamos que todo esto os esté ayudando a participar también vosotros de este paso del Señor. Recordad que al final de la página podéis dejar vuestros comentarios y ánimos a nuestra expedición.

El tercer día comenzó con la alarma de nuestros teléfonos que nos avisaba de que ya eran las 4:30 de la madrugada. A pesar del cansancio nos levantamos con gran ilusión, con ganas de llegar a nuestra meta, la Jornada Mundial de la Juventud. Fue momento de subirse a los autocares y despedirnos de la República Checa y encaminarnos hacia Polonia. Tengo que reconocer que el viaje en autocar se está haciendo duro, sobretodo por las paradas que por ley tienen que hacer los conductores que hacen que un trayecto que en sí es largo se haga interminable. Pero del mismo modo que digo que ha sido duro el viaje, también y sobretodo afirmo que ha resultado un catalizador de la convivencia, de la comunión entre los hermanos. Hemos podido conocernos más en estos días y, aunque nos hemos dado cuenta que el prójimo no es como nosotros quisiéramos, son en sí perfectos. Todo esto nos lo ha recordado el Señor en la oración de Laudes. La perfección con nos ha hecho, la belleza de su obra en cada uno de nosotros como parte importante que somos de la Creación de Dios.

Durante estos Laudes también hemos recibido un mensaje del santo padre que nos invitaba a tener un corazón misericordioso y nos alentaba al decirnos: “Cuando Jesús toca el corazón de un joven, de una joven, este es capaz de actos verdaderamente grandiosos. Es estimulante escucharlos, compartir sus sueños, sus interrogantes y sus ganas de rebelarse contra todos aquellos que dicen que las cosas no pueden cambiar.”

Finalmente llegamos a nuestro destino. Después de 37 horas de autobús, de varios kilómetros recorridos a pie, tras tantos meses de planes, por fin llegó el día. A pesar de la larga caminata que hoy nos hemos dado, a pesar del sueño que arrastramos y de los nervios por ver que ya estábamos cerca, aquí estamos, a tan solo unos metros del santo padre y junto a millones de personas que como nosotros compartían una certeza: el amor de Dios.

Uno de los momentos más importantes de los que hemos participado ha sido cuando el papa Francisco nos ha invitado a orar todos juntos. Imaginaros a miles de jóvenes en una sociedad que a menudo se considera como perdida unidos con una sola voz, la voz de Jesús.  También se nos ha recordado que no venimos a este mundo a vegetar sino a dejar huella, el miedo no nos puede paralizar, la violencia no se vence con más violencia ni el terror con más terror. El antídoto, se nos ha dicho, para este mundo en guerra debe ser la fraternidad, la comunión y la familia. Nos pedía el papa “Hoy los adultos necesitamos de ustedes, que nos enseñen como ahora hacen ustedes, a convivir en la diversidad, en el diálogo, en compartir la multiculturalidad, no como una amenaza sino, como una oportunidad y ustedes son una oportunidad para el futuro: tengan valentía para enseñarnos que es más fácil construir puentes que levantar muros. Necesitamos aprender esto.”

Nos ha avisado Francisco de que hoy muchos jóvenes viven embobados y atontados, despojados del mayor bien, pagando un gran precio por ello: la libertad. Asimismo nos ha advertido de que muchos piensan que encerrados es la mejor manera de protegernos de lo que nos hace daño.

Otro momento ya imborrable ha sido cuando la noche se ha iluminado con velas. Todos unidos al compás de una canción, de un mismo espíritu, nos hemos arrodillado delante del santísimo rezando por el mundo entero. Era impresionante notar la inmensa comunión que se notaba, el ambiente se ha vuelto trasparente, no había fronteras ni razas, solo un mismo sentimiento, un mismo amor con la certeza de no ser juzgados por nadie. El día ha concluido con una inmensa Paz.

Gracias a todos los que nos leéis. Besos y hasta mañana, ¡el día promete!

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Crónicas desde Cracovia (2)


Nuestro grupo, tras más de 37 horas de autocar, está en estos momentos descansando en Praga. Tanto sacrificio no quedará sin recompensa. De madrugada se pondrán en marcha hacia Cracovia donde el llamado “Campus Misericordiae” les espera para acampar y vivir con el Papa Francisco la vigilia del domingo, momento culmen de toda JMJ. A continuación tenéis la crónica que hemos recibido de nuestros peregrinos. Por cierto, al final de esta entrada disponéis de una zona donde poder dejar vuestros comentarios y ánimos a nuestros chic@s!

Al acercarnos cada vez más a nuestro destino, quisimos anoche ver en el autocar la película Karol en recuerdo a nuestro querido San Juan Pablo II, pero el reproductor se averió y nos jugó una mala pasada. Decidimos pues aprovechar al máximo para dormir en manos del Señor y dejándonos llevar por nuestros avezados chóferes, que el Señor los bendiga.

Sobre las 7 de la mañana abríamos los ojos a un nuevo día. Un sol tímido iluminaba la vegetación exuberante y unos prados inmensos. En el horizonte, un cielo precioso que poco a poco ha ido cubriéndose de nubes hasta regalarnos una temperatura más bien fresquita y una espléndida lluvia.

Hemos empezado bendiciendo a Dios por su misericordia. Hoy, 29 de julio, festividad de Santa Marta y teniendo de fondo siempre a Santa Faustina Kowalska hemos cantado y alabado a Dios poniendo nuestra confianza en él. La lectura breve de los Laudes nos invitaba a la paz, a la comprensión, a la alegría y a perdonarnos en Cristo. San agustín nos instaba a aspirar sólo a la patria celestial como peregrinos que somos en este mundo. Ya en el evangelio, Marta nos ha enseñado a acoger a Cristo y a atenderlo a través del servicio a los demás. El Señor ha bajado a nuestra realidad de personas siempre atareadas y nos ha ayudado a ver en la oración contemplativa dónde ponemos realmente nuestra vida, en el hacer como Marta o en el escuchar como María.

Carlos, el sacerdote que presidía esta oración nos decía entre otras cosas: “espero que no dejemos pasar el acontecimiento tan importante que nos aguarda. Muchas veces nos perdemos en cosas que no tienen importancia. El muy fácil oír pero no tanto escuchar. Escuchar quiere decir entrar en lo que Dios quiere para cada uno de nosotros, que seas feliz. El juicio de Dios es la misericordia. Él no te pone en evidencia por lo que haces sino que te dice: yo te amo, te quiero, te acepto tal y como eres. A veces tú no te aceptas, y quieres quitar cosas de ti. Pero lo que contamina es lo que sale de tu corazón, rencillas, murmuraciones, juicios. Dios quiere cambiar ese corazón. Esto es como un cuadro, por detrás es feo pero por delante se ve el arte, la belleza. Pues en nosotros lo mismo, si te miras por dentro no te gustas, pero si te miras desde el Señor todo está bien hecho porque Dios te ha creado y el nunca se equivoca en su obra. Os invito a descansar en el Señor a experimentar que su palabra nos da vida.”

Y así ha trascurrido la mañana, entre nubes y verdes bosques. Tras unos cientos de kilómetros y con más de 37 horas de viaje en nuestros cuerpos, hemos llegado a Praga. El hotel ha aparecido ante nosotros como un oasis. Después de día y medio en carretera, una ducha caliente, un cambio de ropa… ¡cómo no dar las gracias a Dios por esta maravilla! Y al girar la cabeza, ¡no puede ser! es Eugenio, el presbítero del equipo, ¡qué pequeño es el mundo!

Después del breve receso, hemos salido entre chistes, canciones y el ya popular ¡Camarero! ¿Qué? hacia el centro de la ciudad por donde hemos podido estirar nuestra entumecidas piernas disfrutando de un magnífico paseo.

Tras una cena caliente en nuestro hotel, hemos cerrado el día poniéndonos en manos del Señor con la oración de vísperas.

Hasta mañana hermanos.

 

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Crónicas desde Cracovia (1)


Nos llega la primera crónica de la peregrinación de nuestros hermanos del Corpus Christi y de San Francisco de Asís. Hoy es una jornada de autocar que les dejará mañana día 28 sobre las once en la ciudad de Praga (Rep Checa) Mientras os escribo estas letras y durante toda esta noche, siguen su periplo sin más paradas que las obligadas para la sustitución del chofer.

Esta es la crónica y las fotografías (nos han prometido a partir de hoy muchas más) del primer día:

Queridos hermanos, empezamos la peregrinación con la penitencial del pasado martes en la parroquia del Corpus Christi de Alicante manifestando todos nuestros pecados, bueno, confesando las culpas que hasta ahora nos ha concedido Dios poder ver. El Señor nos invitaba a crecer, a estar alegres para poder realizar la misión que nos tiene preparada en nuestra vida y con esta esperanza llegamos a la madrugada de hoy, el día de la partida hacia Cracovia. La falta de sueño, los imprevistos, los nervios de los últimos preparativos, parecían quitarnos la paz en este momento, pero el Señor nos estaba esperando frente a los juzgados de Alicante y eso nos movía a llegar puntuales, a ponernos en disposición, a experimentar en la organización de la salida la comunión de los santos viendo también a hermanos que venían a despedirnos sin tener a ningún familiar subido en el autocar contentísimos de acompañarnos en ese momento tan especial.

Una vez puestos en marcha y tras la oración Carlos Esparza, uno de nuestros presbíteros que junto a Enrique Vicedo nos acompañan en este viaje, pudimos entrar en el descanso,

Nos espera Cracovia, el Papa, Kiko… en definitiva, nos espera una palabra que ilumine nuestra misión. Tras almorzar y comer en diferentes áreas de servicio y experimentar en ellas de nuevo la comunión, hemos disfrutado de la película “Resucitó” en la que me ha llamado la atención cómo un tribuno romano se convertía al cristianismo no sin antes resistirse con todas sus fuerzas. El Señor le da su espíritu y eso hace que salga a anunciar el Evangelio como un discípulo más. ¿Cuántas veces me lo he pensado antes de hacer yo lo mismo? Gracias a Dios, el Señor es rico en misericordia, tiene paciencia y por eso estamos alegres.

Por la tarde, sobre las 19, y en el contexto del rezo de vísperas, se nos ha invitado a ser luz de las naciones y a llevar la buena nueva a todos los que nos encontremos. Ha presidido E.Vicedo, el cual nos ha invitado a reflexionar sobre el capítulo 1 de la primera epístola de San Juan que trata sobre el misterio de nuestra salvación y nos decía textualmente “Dios tiene una palabra para ti que te da Vida. No te la da ni la inteligencia ni la salud ni el dinero. Dios quiere poner Luz en tu vida, que seas Luz para los demás. Reconoce de verdad que eres débil y pecador pero no te asustes ni escandalices, porque Cristo es Luz y quiere iluminar lo que eres de verdad para que puedas descansar, para que dejes que tu vida la lleve el Señor. Y Dios te sacará de las tinieblas en que te encuentras” Tras cantarle a María hemos terminado las vísperas en un ambiente de gran alegría que se ha manifestado posteriormente en canciones espontáneas entre los jóvenes, con letras improvisadas y divertidas donde con cariño, podemos decir que no dejaban títere con cabeza.

Ya nos quedan quince horas menos para llegar a Cracovia. Rezad por nosotros.

 

 

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