Fotos y vídeos de la procesión del Corpus Christi 2018


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Homilía del Papa Francisco en la Misa del Corpus Domini


En el Evangelio que hemos escuchado se narra la Última Cena, pero sorprendentemente la atención está más puesta en los preparativos que en la cena. Se repite varias veces el verbo “preparar”. Los discípulos preguntan, por ejemplo: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?» (Mc 14,12). Jesús los envía a prepararla dándoles indicaciones precisas y ellos encuentran «una habitación grande, acondicionada y dispuesta» (v. 15). Los discípulos van a preparar, pero el Señor ya había preparado.

Algo similar ocurre después de la resurrección, cuando Jesús se aparece por tercera vez a los discípulos: mientras pescan, él los espera en la orilla, donde les prepara pan y pescado. Pero, al mismo tiempo, pide a los suyos que lleven un poco del pescado que acababan de pescar y que él mismo les había indicado cómo pescarlo (cf. Jn 21,6.9-10). También aquí, Jesús prepara con antelación y pide a los suyos que cooperen. Incluso, poco antes de la Pascua, Jesús había dicho a los discípulos: «Voy a prepararos un lugar […] para que donde estoy yo estéis también vosotros» (Jn 14,2.3). Es Jesús quien prepara, el mismo Jesús que, sin embargo, con fuertes llamamientos y parábolas, antes de su Pascua, nos pide que nos preparemos, que estemos listos (cf. Mt 24,44; Lc 12,40).

Jesús, en definitiva, prepara para nosotros y nos pide que también nosotros preparemos. ¿Qué prepara para nosotros? Un lugar y un alimento. Un lugar mucho más digno que la «habitación grande acondicionada» del Evangelio. Es nuestra casa aquí abajo, amplia y espaciosa, la Iglesia, donde hay y debe haber un lugar para todos. Pero nos ha reservado también un lugar arriba, en el paraíso, para estar con él y entre nosotros para siempre. Además del lugar nos prepara un alimento, un pan que es él mismo: «Tomad, esto es mi cuerpo» (Mc 14,22). Estos dos dones, el lugar y el alimento, son lo que nos sirve para vivir. Son la comida y el alojamiento definitivos. Ambos se nos dan en la Eucaristía.

Jesús nos prepara un puesto aquí abajo, porque la Eucaristía es el corazón palpitante de la Iglesia, la genera y regenera, la reúne y le da fuerza. Pero la Eucaristía nos prepara también un puesto arriba, en la eternidad, porque es el Pan del cielo. Viene de allí, es la única materia en esta tierra que sabe realmente a eternidad. Es el pan del futuro, que ya nos hace pregustar un futuro infinitamente más grande que cualquier otra expectativa mejor. Es el pan que sacia nuestros deseos más grandes y alimenta nuestros sueños más hermosos. Es, en una palabra, la prenda de la vida eterna: no solo una promesa, sino una prenda, es decir, un anticipo concreto de lo que nos será dado. La Eucaristía es la “reserva” del paraíso; es Jesús, viático de nuestro camino hacia la vida bienaventurada que no acabará nunca.

En la Hostia consagrada, además del lugar, Jesús nos prepara el alimento, la comida. En la vida necesitamos alimentarnos continuamente, y no solo de comida, sino también de proyectos y afectos, deseos y esperanzas. Tenemos hambre de ser amados. Pero los elogios más agradables, los regalos más bonitos y las tecnologías más avanzadas no bastan, jamás nos sacian del todo. La Eucaristía es un alimento sencillo, como el pan, pero es el único que sacia, porque no hay amor más grande. Allí encontramos a Jesús realmente, compartimos su vida, sentimos su amor; allí puedes experimentar que su muerte y resurrección son para ti. Y cuando adoras a Jesús en la Eucaristía recibes de él el Espíritu Santo y encuentras paz y alegría. Queridos hermanos y hermanas, escojamos este alimento de vida: pongamos en primer lugar la Misa, descubramos la adoración en nuestras comunidades. Pidamos la gracia de estar hambrientos de Dios, nunca saciados de recibir lo que él prepara para nosotros.

Pero, como a los discípulos entonces, también hoy a nosotros Jesús nos pide preparar. Como los discípulos le preguntamos: «Señor, ¿dónde quieres que vayamos a preparar?». Dónde: Jesús no prefiere lugares exclusivos y excluyentes. Busca espacios que no han sido alcanzados por el amor, ni tocados por la esperanza. A esos lugares incómodos desea ir y nos pide a nosotros realizar para él los preparativos. Cuántas personas carecen de un lugar digno para vivir y del alimento para comer. Todos conocemos a personas solas, que sufren y que están necesitadas: son sagrarios abandonados. Nosotros, que recibimos de Jesús comida y alojamiento, estamos aquí para preparar un lugar y un alimento a estos hermanos más débiles. Él se ha hecho pan partido para nosotros; nos pide que nos demos a los demás, que no vivamos más para nosotros mismos, sino el uno para el otro. Así se vive eucarísticamente: derramando en el mundo el amor que brota de la carne del Señor. La Eucaristía en la vida se traduce pasando del yo al tú.

Los discípulos, dice el Evangelio, prepararon después de haber «llegado a la ciudad» (v. 16). El Señor nos llama también hoy a preparar su llegada no quedándonos fuera, distantes, sino entrando en nuestras ciudades. También en esta ciudad, cuyo nombre —“Ostia”— recuerda precisamente la entrada, la puerta. Señor, ¿qué puertas quieres que te abramos aquí? ¿Qué portones nos pides que abramos, qué barreras debemos superar? Jesús desea que sean derribados los muros de la indiferencia y del silencio cómplice, arrancadas las rejas de los abusos y las intimidaciones, abiertas las vías de la justicia, del decoro y la legalidad. El amplio paseo marítimo de esta ciudad llama a la belleza de abrirse y remar mar adentro en la vida. Pero para hacer esto hay que soltar esos nudos que nos unen a los muelles del miedo y de la opresión. La Eucaristía invita a dejarse llevar por la ola de Jesús, a no permanecer varados en la playa en espera de que algo llegue, sino a zarpar libres, valientes, unidos.

Los discípulos, concluye el Evangelio, «después de cantar el himno, salieron» (v. 26). Al finalizar la Misa, también nosotros saldremos. Caminaremos con Jesús, que recorrerá las calles de esta ciudad. Él desea habitar en medio de vosotros. Quiere visitar las situaciones, entrar en las casas, ofrecer su misericordia liberadora, bendecir, consolar. Habéis experimentado situaciones dolorosas; el Señor quiere estar cerca. Abrámosle las puertas y digámosle:

Ven, Señor, a visitarnos. Te acogemos en nuestros corazones, en nuestras familias, en nuestra ciudad. Gracias porque nos preparas el alimento de vida y un lugar en tu Reino. Haz que seamos activos en la preparación, portadores gozosos de ti que eres el camino, para llevar fraternidad, justicia y paz a nuestras calles. Amén.

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Auto de Navidad


Como todos los años, nuestros pequeños han representado el auto de Navidad en los salones parroquiales. Juan Castaño, nos hace llegar estas letras sobre tan magnífico momento:

El domingo IV de Adviento los niños de las comunidades neocatecumenales de nuestra parroquia celebraron el Auto de Navidad. Con el título “Montando el Belén” recreamos un belén viviente siguiendo la antigua tradición cristiana iniciada por San Francisco de Asís en el año 1223.

Con estas representación se avivó la esperanza en los espectadores de la llegada del Salvador, la posibilidad real de que Él se haga carne en nuestros corazones corrompidos por el pecado. Por eso, ese domingo encendimos la cuarta vela, anhelando la llegada de la verdadera luz que ilumine nuestro camino.

En el auto de este año, decían la mula y el buey del belén: “ Nosotros estamos aquí puestos para recordaros que los hombres la mayoría de las veces sois más cabezones y burros que nosotros los animales. ¡ A ver si os creéis ya que Dios os ama muchísimo! “ Cuánta razón tienen. Cada uno de nosotros nos preocupamos sólo de nuestros propios afanes,  no dejamos de “mirarnos el ombligo”, de ahogarnos en nuestras preocupaciones y ansiedades… La Navidad nos ayuda a salir de nosotros mismos, nos invita a levantar los ojos y adorar a Jesús, el hijo de Dios que nace en una humilde cueva de Belén. Aquel que nace, vive, muere y resucita para iluminar a los que viven en tinieblas, para regalarnos la VIDA ETERNA.

Que la luz de la Navidad nos ilumine a todos durante este nuevo año.

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REFLEXION ANTE EL DIA DEL DOMUND


El pasado sábado, día quince, y en el acto de presentación de la jornada del DOMUND, celebrada en el templo de la Sagrada familia de Barcelona y, presidido por monseñor Omella, arzobispo de Barcelona, intervino la política y periodista Pilar Rahola de cuya intervención subrayamos lo siguiente:

 
“el ideal tan elevado, el que sacude la vida de miles de personas que un día deciden salir de su casa, cruzar fronteras y aterrizar en aquellos agujeros negros del planeta que no salen ni en los mapas”… GRACIAS POR CREER.
…Rahola reivindicó el “concepto de la caridad” que, personalmente encuentro luminosa pero que algunos consideran paternalista e incluso prepotente.

…porque, quiénes somos nosotros , gente acomodada en nuestra feliz ética laica, para poner en cuestión la moral religiosa que tanto bien ha hecho a la humanidad?. Si esa humanidad, llegó a decir, ”se redujera a una isla con un centenar de personas, sin ningún libro, ni ninguna escuela, pero se hubiera salvado el texto de LOS DIEZ MANDAMIENTOS, podríamos volver a levantar la civilización moderna. El catecismo es, sin duda, el programa político más sólido y fiable que podamos imaginar”.
Pilar Rahola no cree, pero ”soy una creyente ferviente de todos esos hombres y mujeres que, gracias a Dios, nos dan intensas lecciones de vida”
…El termino evangelización, recalcó, es el que ha sufrido los ataques más furibundos, sobre todo de parte de las ideologías que se sienten incomodas con la solidaridad cuando se hace en nombre de Cristo”.
…”el mensaje cristiano, dijo, especialmente en un tiempo de falta de valores sólidos, trascendentes, es una poderosa herramienta, transgresora y revolucionaria”.
Tras nombrar a una serie de misioneros que entregaron su vida por los demás, dice de ellos que”son la metáfora del ideal misionero: amar sin condiciones ni concesiones”.
Y concluyó el pregón agradeciendo estos testimonios que interpelan a todos,”a los creyentes, a los agnósticos, a los que sienten y a los que dudan”.
…”Solo puedo decir: gracias por la entrega, gracias por la ayuda, gracias por el servicio; gracias, mil gracias por creer en un Dios de luz que nos ilumina a todos”.

Reflexiones de Pilar Rahola manifestadas en el pregón del día del Domund en la Sagrada Familia, de Barcelona y aparecidas en ALFA Y OMEGA del Jueves 30 de Octubre del 2016.

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Crónicas desde Cracovia (8)


El que os escribe y algunos de los que nos leéis, hemos compartido durante varios años nuestra vida de fe con los queridos hermanos Andrej y Marisa. Ahora esa unión, esa hermandad, ese mismo espíritu lo comparten también nuestros hijos gracias a la extraordinaria acogida de nuestro grupo en Liubliana y a las vivencias que allí han compartido.

Dios bendiga a nuestros hermanos eslovenos.

Al llegar a Eslovenia, pudimos gustar de nuevo del amor de Dios al ver que hermanos a los que no conocíamos, a los que no habíamos visto en la vida, con otra cultura, con otras costumbres y con otra lengua, nos recibían con una gran sonrisa, con la cara henchida de la felicidad de aquel que vuelve a encontrarse con su hermano después de mucho tiempo. Esa misma sonrisa con la que nos hemos sentido tantas veces queridos por Dios al recibirnos tras pasar un tiempo quizás perdido en el que no sabes ni donde reclinar la cabeza.

Antes de nuestra llegada, en el autobus, se nos había dado el nombre de las personas que nos acogerían a nuestra llegada a Liubliana. Ya en la capital eslovena, conocimos a nuestros anfitriones realizando entonces las presentaciones oportunas para poder distribuirnos.

Cuando llegamos a las casas, el recibimiento y la acogida fue aún mucho mayor. Nos trataron como verdaderos reyes poniendo en práctica aquello que escuchamos en el evangelio: “Quien acoge a uno de estos pequeños, a mi me acoge” Comimos pues, nos duchamos y descasamos, aunque por poco tiempo, en una confortable cama.

Salimos después a visitar la bonita ciudad de Liubliana, Subimos al castillo que desde la altura de una colina domina toda la ciudad. A pesar de que estaba prevista lluvia, nuestro Padre nos permitió hacer la visita sin que la lluvia fuese mayor problema enseñándonos en el cielo un fabuloso arco iris, recuerdo para todos de la alianza que Dios hace con nosotros. Terminamos la jornada dando gracias por tantas maravillas en el rezo de vísperas.

Tras el rezo de laudes, emprendimos viaje hasta una cercana montaña normalmente lugar para la práctica del esquí y que hoy rezumaba verdor para nosotros. La empinada subida la hicimos en el telesilla y la bajada supuso una magnífica diversión ya que se realizaba en un monorail que a gran velocidad nos dejaba en la orilla de un imponente lago.

Llegó el momento de dar gracia a Dios de nuevo, pero esta vez en público. Fue una experiencia maravillosa anunciar a Jesucristo en las calles y plazas. Contamos con la ayuda y traducción de Miriam, la hija de Andrej y Marisa, los hermanos que vivieron en Alicante y caminaron en nuestra parroquia no hace mucho tiempo. Me llamó mucho la atención el ver como la gente se acercaba y se interesaba  por lo que decíamos, pero me llamó más si cabe la atención el ver a varios musulmanes escucharnos con respeto. Pude sentirme en comunión con ellos, sentirme llamado a amarlos también a ellos, en definitiva, pude ver en ellos también a Jesucristo.

Termino esta crónica hablando de la eucaristía que pudimos celebrar en la catedral de Liubliana junto a nuestros hermanos eslovenos. Imposible hablar de diferencias cuando nos une un mismo amor, un mismo espíritu. Imposible no ver el amor de Dios en este día.

 

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Crónicas desde Cracovia (7)


Siguen nuestros chicos su periplo por tierras extranjeras. En esta crónica podréis saber de sus vivencias en la ciudad de Viena de donde ya partieron ayer viernes. Como veréis vamos ralentizando el ritmo de publicación de estas crónicas a la espera de poder escuchar las experiencias de viva voz en la celebración del próximo martes día 16 a las 20.30 en la parroquia de San Francisco de Asís  y del miércoles 17 a las 21 horas en el Corpus Christi. ¡¡¡ No os lo perdáis !!!

Amanecimos en el hotel, aun en la ciudad de Cracovia. Como nos esperaban cerca de seis horas de viaje, más de uno aprovechamos para dormir en el autobús antes de rezar Laudes en ruta. Durante el camino, realizamos un par de paradas previas a nuestra llegada a la capital austriaca. Hacia mediodía paramos a comer y disfrutamos un montón ya que pudimos “saborear” tras muchos días un McDonalds. Poco después, cuando nos quisimos dar cuenta, ya estábamos en Viena, descargando las maletas en el hotel. Nos acicalamos con rapidez y nos fuimos a celebrar la eucaristía.

Esta celebración fue para nosotros muy especial porque pudimos experimentar la comunión de los santos. El lugar no era como al que estamos acostumbrados ya que fuimos acogidos por una parroquia con comunidades muy jóvenes. Allí conocimos a Raúl y Cristina  una familia en misión de Villena que está dando su vida en la capital austriaca desde hace 10 años. Esta familia nos contó que cuando llegaron apenas eran seis hermanos y que hoy en día y siempre gracias a Dios, cuentan con tres comunidades en las que muchos matrimonios han podido abrirse a la vida, algo muy difícil en la sociedad austriaca. Nos explicaban Raúl y Cristina, como veían la gran misericordia que Dios ha tenido con ellos en estos años.

Terminada la eucaristía, regresamos al hotel para cenar. Al día siguiente madrugamos para visitar el seminario Redemptoris Mater de Viena. Nos recibió Josepe. rector del seminario que fue ordenado por San Juan Pablo II. Esta visita fue muy interesante ya que pudimos escuchar la experiencia de los seminaristas y conocer como es la vida cotidiana allí. Pudimos contemplar además unas magníficas pinturas del siglo XVIII las cuales están al cuidado de los seminaristas ya que la casa y las obras de arte que contiene son propiedad del obispado. Las pinturas que adornaban las cuatro estancias que conformaban la casa reproducían la flora y fauna de la jungla amazónica y fueron pintadas por el pintor real de la corte de Isabel  de Austria, popularmente conocida como Sissí emperatriz. Para finalizar la visita al seminario, compartimos un ágape que prepararon los hermanos de las comunidades de allí.

Llegado el mediodía pudimos disfrutar de esta maravillosa ciudad y visitarla por libre hasta la hora fijada de regreso al hotel. Damos así por finalizados dos fantásticos días que dejarán en nosotros un magnífico recuerdo.

 

 

 

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Crónicas desde Cracovia (6)


Tras finalizar la JMJ 2016 y haber asistido al encuentro vocacional, nuestro grupo se ha despedido hoy de tierras polacas partiendo hacia Viena, la capital austriaca. Durante su regreso y hasta su llegada a Alicante el próximo día 10, nuestra expedición no abandonará el espíritu que les llevó a iniciar este viaje. Por ello, alternarán las visitas a las ciudades por las que pasen con la evangelización, asistidos siempre por el sacramento de la eucaristía y las oraciones de la iglesia.

Os dejamos a continuación la crónica del sexto día en el que visitaron las minas de sal de Wieliczka y el campo de concentración de Auswitch del que cuatro de nuestros expedicionarios nos comentan excepcionalmente sus impresiones.

Hoy ha sido un día muy intenso, lleno de contrastes. Hemos visitado dos escenarios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO muy distintos entre sí. Ha supuesto una importante lección de historia y una experiencia personal única.

Por la mañana hemos visitado las minas de sal de Wieliczka y por la tarde otro lugar bien distinto, el campo de concentración de Auswitch. Tras bajar más de 300 escalones en las minas de sal, comenzamos a recorrer las interminables galerías y los pasillos de la mina algunas cubiertas por madera y otras con la roca al descubierto distinguiendo espectaculares esculturas grabadas en la propia roca de sal. Lo más impresionante de todo fue encontrarnos con una inmensa capilla a 100 metros bajo tierra, repleta de tallas, esculturas y adornos elaborados por los mineros con bloques de sal. Estábamos muy sorprendidos mientras admirábamos tanta belleza. Pero nuestra alegría duró apenas el trayecto en autobús hasta el campo de concentración de Auswitch. Allí todos nos sobrecogimos ante una visita marcada por la tristeza. Tras entrar en el campo bajo en arco con el lema “El trabajo os hará libres”, empezamos el recorrido. Barracones, cámaras de gas, dolor, humillación, destrucción. Aunque no hay palabras que puedan explicar semejante horror, os dejamos aquí el testimonio de algunos de nuestros jóvenes que de forma espontánea se paraban para rezar por la víctimas, por los inocentes, pero también por los verdugos, por aquellos que no han conocido el amor de Dios.

1er testimonio: Hoy hemos estado en el campo de concentración de Auswitch y la verdad es que para mí ha sido una experiencia con sentimientos agridulces porque, entrando en el campo lo primero que piensas es cómo es posible que hubiese gente que cometiese semejantes barbaridades. He reflexionado y me he dado cuenta de que yo, si hubiese estado en esa época, quizás hubiese sido capaz de cometer esas barbaridades y más aún. Con lo pecadora que soy, seguro que me hubiese sentido superior a los judíos que encerraba, se bien lo que es sentirme superior al prójimo. A la vez me invadía un sentimiento de ternura, de compasión por toda aquella gente encerrada y también por sus carceleros. Cualquiera podríamos ser uno de ellos. Cómo llevaba un Rosario, lo primero que he hecho ha sido echar mano al bolsillo y ponerme a rezar mientras recorría Auswitch viendo todas las formas que tenían para torturar a los judíos. Me intentaba hacer una idea de como se sentirían aquellos prisioneros, deshumanizados, humillados, desesperados, buscando en muchos casos la forma de poner fin a su sufrimiento. La verdad es que ha sido una experiencia horrible. Al pasear por allí eres consciente de que algo terrible, las edificaciones, barracones, cámaras de gas,  algunas enteras otras medio derruidas hacen presente el drama en todo momento haciéndote plantearte siempre la misma pregunta: ¿cómo es posible que el ser humano de llegar a esos extremos?

2º testimonio: En esta visita, reconozco me ha sorprendido con la palabra que he recibido tan solo con entrar en este lugar. Me doy cuenta de que no soy perfecto, que mi soberbia me haga probablemente peor que los alemanes que perpetraron este genocidio, que no puedo juzgarlos.  Veo también que me he de tomar estas cosas más en serio. Yo, que he banalizado este drama, que tantas gracias y bromas he hecho al respecto, he visto que con estas cosas no se bromea, porque yo también estoy llamado a dar mi vida, a ir como un cordero al matadero como fueron estos judíos. Noto la llamada de Señor a entrar en su voluntad, a seguir en su camino, a no perderme, a no llegar al punto de dar rienda suelta a la violencia al odio, pensando que soy mejor, creyéndome más que los demás. Esta visita me invita a ser más humilde a ver que estoy llamado a la sencillez aceptado mi historia, reconociendo que Dios hace bien las cosas y que barbaridades como las que en este campo se cometieron, son Luz para muchos al poder haber conocido como personas como yo eran conducidas como corderos al matadero sin juzgar a sus verdugos en tantísimos casos. Por todo ello, y aunque suene extraño, puedo deciros que estoy muy contento de haber visitado Auswitch, no cambiaría esta experiencia por nada.

3er testimonio: Yo tenía bastantes ganas de visitar este lugar pero no ha sido hasta que he entrado y he visto con mis ojos los lugares concretos, no he sido consciente realmente de lo que aquí sucedió. Yo también suelo hacer gracias y bromas sobre esto y hoy reconozco que me he quedado sin palabras. Me doy cuenta de que si yo hubiese estado en este lugar en aquella época podría haber sido uno de esos alemanes, el que desprecia, el que asesina solamente por demostrar que está por encima de los demás. Mientras caminaba entre las edificaciones y caminos, me he intentado hacer una idea de lo que aquella pobre gente experimentó. Veía las fotografías del holocausto donde se veían hombres, mujeres, niños, intentaba imaginar qué le diría una madre a su hijo ante la certeza de que al bajar del tren iban a dirigirse lo más seguro a la cámara de gas. Me imaginaba a esa madre intentando tranquilizar a su hijo, quitando gravedad a lo que sucedía, incluso mintiéndole para ello. Debía ser una situación horrible pero más horrible me parece el pensar que yo mismo podría haber sido uno de aquellos verdugos. Hoy, gracias a esta visita puedo ver que no soy mejor que nadie, ni que ya lo quiero ser.

4ºtestimonio: Realmente no se cómo se puede expresar en palabras lo que uno siente cuando va a visitar un sitio así. Se me sobrecoge el corazón al ser consciente de todo lo sucedido en este campo de concentración, de saber la cantidad de personas que pasaron y murieron allí. Me ha dado mucho que pensar el estar allí presente y ver con mis propios ojos todo esto. Me doy cuenta de que el odio solo alberga odio y que la violencia nunca acaba, sólo el amor prevalece. Además, me he dado cuenta que en la historia siempre pasa lo mismo. Crece la cuna del odio y la violencia y el demonio mete ideas equivocadas a los hombres en la cabeza. Los nazis ayer, los yijadistas hoy, los asesinos siempre. Tal vez nunca les hablaron del amor, nunca conocieron la misericordia, el amor de Dios.

 

 

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Crónicas desde Cracovia (5)


Por fin llegó el día. Nuestros jóvenes asistieron al encuentro vocacional enmarcado en la JMJ. Como muchos habréis visto ya por los enlaces que transmitieron la señal de televisión del evento, miles de chicos, chicas y familias enteras se levantaron para ofrecer su vida al Señor, para ponerlo en este momento como único Norte en sus vidas.

Hoy tienen otra cita muy especial. Visitarán esta tarde el campo de exterminio nazi de Auswitch donde se calcula murieron un millón cien mil seres humanos, el 90% de ellos judios. Por ello, os voy a dejar un enlace que espero os ayude a entrar en comunión con nuestro grupo, la oración que aún resuena entre las paredes de los barracones de Austwich.

Por cierto, notad como en estas crónicas no os damos las experiencias personales de los jóvenes. Esto tiene como motivo el dejarlas para la celebración que realizaremos en la parroquia a la vuelta de nuestra expedición.

Esta es la crónica de hoy:

Ayer no pudimos adquirir ningún souvenir en el santuario porque era tarde y estaban ya cerradas las tiendas. Muchos lamentábamos el no poder llevarnos una imagen de María de Jasna Gora.

Hoy se celebraba el encuentro vocacional con el equipo iniciador del camino neocatecumenal y los jóvenes del mundo aunque, por vez primera, Carmen Hernández nos acompañaría desde el cielo. Queríamos llevar comida, salir con tiempo para asegurarnos un lugar en la esplanada donde Kiko y el padre Mario nos iban a anunciar el Kerigma. Y he aquí que, muy tempranito, el Señor nos tenía guardada una sorpresa. Mientras se hacía el reparto de la comida, antes de subir al autobús ha aparecido un hombre que vendía pequeños iconos imantados con la imagen de la Virgen, ¡qué alegría! y qué contento se ha ido el hombre, ¡los ha vendido todos! Una vez más, Dios provee.

Chestokova amanecía entre nubes y lluvia como forrada por un bello manto de terciopelo verde, ¡cuántas variedades de verde juntas Dios mío! De camino al encuentro hemos rezado Laudes teniendo de fondo la palabra vocación. Ya desde la monición ambiental, Ana nos animaba a escuchar, a tener el oído abierto para conocer cuál era la voluntad de Dios en nuestras vidas ya que la primera vocación es ser cristiano. El evangelio del día, nos presentaba la multiplicación de panes con los que se daba de comer a una multitud. Enrique, el presbítero, nos decía entre otras cosas: “Dios sabe lo que tiene que hacer con cada uno. Está vivo en tu vida, te da coraje para llevarla adelante. La yerba es la Iglesia que te acoge, deja que te recuestes en ella y te alimenta de la mano de sus discípulos, entra en humildad. Si tú te preguntas ¿qué va a hacer Dios conmigo? yo te lo digo: obras grandes. La Eucaristía se parte por ti para que seamos transmisores de Dios. La vida cristiana es una vida en oración. A través de María llegamos a Jesús y conociendo a Jesús llegamos al Padre. Pregunta a Dios en estos minutos de oración: ¿qué quieres de mí? ¿dónde voy a ser feliz? Concédeme esta gracia, ser feliz haciendo tu voluntad.”

Entre tanto, la lluvia nos acompañaba en algunos tramos de la carretera. Si el Señor nos concediera que no lloviera durante el encuentro… Ángel de la Guarda, dulce compañía…

A pesar de las retenciones, hemos llegado pronto al lugar indicado pudiendo elegir un buen sitio. Lavabos, pantalla, yerba alta, suelo mullido…se estaba cumpliendo el evangelio, recostados sobre la yerba, por grupos, compartiendo comida, agua, mochilas, velas, bolsas. Otra vez: Dios provee.

Unos espesos y negros nubarrones amenazaban lluvia, paciencia…Ángel de la Guarda, dulce compañía…

Pronto llegarían Kiko y el padre Mario y empezaría el encuentro. Los nubarrones han tomado otro rumbo. Echábamos de menos a Carmen, seguro que estaba intercediendo desde arriba para que no lloviera. Kiko nos ha saludado con un nuevo canto. Después nos ha recordado mediante la proyección de un vídeo una de las mejores intervenciones de Carmen de hace unos años defendiendo a la mujer como la fábrica de la vida, hablando con valentía de la virginidad, del aborto, del matrimonio. Entre predicación y predicación aparecía un hermano conocido por aquí, otro por allá y se ha producido un verdadero encuentro tanto con Dios como con los hermanos.

Kiko nos ha invitado a contemplar el misterio de la transfiguración que tanto apasionaba a Carmen y ha insistido en la importancia del Camino para ayudar a hacer crecer la fe y la esperanza en la vida eterna. Cautivados por la palabra, nos hemos olvidado de las negras nubes que ahora nos servían de sombra. Se nos ha hinchado el corazón de celo por anunciar el Evangelio en gratitud a Dios que es el amor absoluto pues todo lo ha creado para nosotros, seres únicos en el universo, con nombre y apellido, con un Reino preparado para acogernos como personas libres. Cristo quiere ser uno contigo, quiere darte un corazón grande.

También el padre Mario nos ha dedicado unas palabras destacando la importancia del Concilio Vaticano II y de cómo el Camino lo ha llevado a la práctica. Muchos de los jóvenes allí presentes, la mayoría, son frutos del Camino, del amor sin barreras que sus padres cristianos se han profesado. Se han hecho las llamadas a la vocación y el Espíritu ha sido generoso, 3.000 chicos, 4.000 chicas y 2.000 familias, miles de vocaciones han culminado el encuentro. Y así, entre cantos y bailes nos despedíamos, aplaudiendo a las fuerzas de seguridad, voluntarios y demás personas que han hecho posible esta maravillosa celebración.

La llegada al hotel, una buena ducha y una cena exquisita han coronado este día lleno de esperanza y de júbilo. La nubes también se despedían dejando asomar a un sol que nos saludaba tímidamente antes de su ocaso.

Gracias Señor, gracias Ángel de la Guarda, gracias Kiko Carmen y Mario.

Hasta mañana, rezad por nosotros. Desde aquí no paramos de hacerlo por vosotros.

 

 

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Crónicas desde Cracovia (4)


Resulta imposible para el que os escribe no emocionarse, en esta ocasión especialmente, al transcribir las palabras que llegan desde Polonia. Nuestro grupo ha asistido a la eucaristía con la que se clausura la JMJ de 2016 y ha podido orar y dar gracias ante la Virgen negra de Chestokova tal y como muchos del los que nos leéis hicimos el año 1991 cuando San Juan Pablo II nos convocó en ese mismo lugar para alentarnos a no tener miedo a ser cristianos.

Podéis dejar  vuestros comentarios y ánimos al grupo al final de la página.

“Buenos días, ¡despertad peregrinos!” Con estas palabras ha comenzado este cuarto día de peregrinación. Hemos despertado en el Campo de la Misericordia preparados para escuchar las palabras que el papa Francisco tenía para todos nosotros.

En la Santa Misa, durante la homilía y sirviéndose del evangelio nos ha hablado el Papa de la historia de Zaqueo. Nos explicaba que el publicano tenía tres impedimentos para acercarse a Jesús. El primero era su pequeña estatura aunque no era este solo un problema físico sino de baja autoestima y la consecuencia que esto supone para la fe. El segundo impedimento que tenía Zaqueo era el miedo al que dirán, a la crítica. El Papa nos animaba a no tener miedo a acercarnos y a anunciar el amor de Cristo. En el último impedimento nos hablaba de la vergüenza paralizante, traducida como el miedo a no ser aceptado, el miedo al rechazo. También nos invitaba a no dejarnos llevar por la droga del egoísmo a imitar la memoria fiel de Dios y a custodiar el bien que hemos recibido durante todos estos días de peregrinación.

Ya finalizadas unas Jornadas Mundiales de la Juventud que a muchos nos han parecido un abrir y cerrar de ojos, tocaba volver a poneros en ruta. Tras una larga caminata, acompañados de un sol sofocante sobre nuestras cabezas hemos llegado al fin a nuestro autobús. Sudorosos, cansados pero con gran Paz al saber que a pesar de que ser un cristiano joven en la sociedad actual es nadar contra corriente, no lo hacemos solos, porque formamos parte de un mismo espíritu junto con miles de jóvenes de todo el mundo.

pm116aEl día ha finalizado con nuestra llegada a Chestokova y la visita al santuario de Jasna Gora, un complejo arquitectónico de casi cinco hectáreas donde hemos tenido la oportunidad de postrarnos ante la virgen de Crestokova y pedirle una gracia. Dado el color tan oscuro de la cara y de las manos de Nuestra Señora, el icono ha sido afectuosamente llamada la Madonna Negra y era una imagen profundamente admirada por San Juan Pablo II.

Luego hemos rezado un rosario todos juntos en el santuario, terminando un día muy intenso, pues no puede haber mejor final que poniéndonos en manos de nuestra madre la Virgen.

Rezad por nosotros, hasta mañana.

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Homilía del Papa Francisco en la Misa de clausura de la JMJ Cracovia 2016


Queridos jóvenes: habéis venido a Cracovia para encontraros con Jesús. Y el Evangelio de hoy nos habla precisamente del encuentro entre Jesús y un hombre, Zaqueo, en Jericó (cf. Lc 19,1-10). Allí Jesús no se limita a predicar, o a saludar a alguien, sino que quiere —nos dice el Evangelista— cruzar la ciudad (cf. v. 1). Con otras palabras, Jesús desea acercarse a la vida de cada uno, recorrer nuestro camino hasta el final, para que su vida y la nuestra se encuentren realmente.

Tiene lugar así el encuentro más sorprendente, el encuentro con Zaqueo, jefe de los «publicanos», es decir, de los recaudadores de impuestos. Así que Zaqueo era un rico colaborador de los odiados ocupantes romanos; era un explotador de su pueblo, uno que debido a su mala fama no podía ni siquiera acercarse al Maestro. Sin embargo, el encuentro con Jesús cambió su vida, como sucedió, y cada día puede suceder, con cada uno de nosotros. Pero Zaqueo tuvo que superar algunos obstáculos para encontrarse con Jesús: al menos tres, que también pueden enseñarnos algo a nosotros.

El primero es la baja estatura: Zaqueo no conseguía ver al Maestro, porque era bajo. También nosotros podemos hoy caer en el peligro de quedarnos lejos de Jesús porque no nos sentimos a la altura, porque tenemos una baja consideración de nosotros mismos. Esta es una gran tentación, que no sólo tiene que ver con la autoestima, sino que afecta también la fe. Porque la fe nos dice que somos «hijos de Dios, pues ¡lo somos!» (1 Jn 3,1): hemos sido creados a su imagen; Jesús hizo suya nuestra humanidad y su corazón nunca se separará de nosotros; el Espíritu Santo quiere habitar en nosotros; estamos llamados a la alegría eterna con Dios. Esta es nuestra «estatura», esta es nuestra identidad espiritual: somos los hijos amados de Dios, siempre. Entendéis entonces que no aceptarse, vivir infelices y pensar en negativo significa no reconocer nuestra identidad más auténtica: es como darse la vuelta cuando Dios quiere fijar sus ojos en mí; significa querer impedir que se cumpla su sueño en mí. Dios nos ama tal como somos, y no hay pecado, defecto o error que lo haga cambiar de idea. Para Jesús —nos lo muestra el Evangelio—, nadie es inferior y distante, nadie es insignificante, sino que todos somos predilectos e importantes: ¡Tú eres importante! Y Dios cuenta contigo por lo que eres, no por lo que tienes: ante él, nada vale la ropa que llevas o el teléfono móvil que utilizas; no le importa si vas a la moda, le importas tú. A sus ojos, vales, y lo que vales no tiene precio.

Cuando en la vida sucede que apuntamos bajo en vez de a lo alto, nos puede ser de ayuda esta gran verdad: Dios es fiel en su amor, y hasta obstinado. Nos ayudará pensar que nos ama más de lo que nosotros nos amamos, que cree en nosotros más que nosotros mismos, que está siempre de nuestra parte, como el más acérrimo de los «hinchas». Siempre nos espera con esperanza, incluso cuando nos encerramos en nuestras tristezas, rumiando continuamente los males sufridos y el pasado. Pero complacerse en la tristeza no es digno de nuestra estatura espiritual. Es más, es un virus que infecta y paraliza todo, que cierra cualquier puerta, que impide que la vida se reavive, que recomience. Dios, sin embargo, es obstinadamente esperanzado: siempre cree que podemos levantarnos y no se resigna a vernos apagados y sin alegría. Porque somos siempre sus hijos amados. Recordemos esto al comienzo de cada día. Nos hará bien decir todas las mañanas en la oración: «Señor, te doy gracias porque me amas; haz que me enamore de mi vida». No de mis defectos, que hay que corregir, sino de la vida, que es un gran regalo: es el tiempo para amar y ser amado.

Zaqueo tenía un segundo obstáculo en el camino del encuentro con Jesús: la vergüenza paralizante. Podemos imaginar lo que sucedió en el corazón de Zaqueo antes de subir a aquella higuera, habrá tenido una lucha afanosa: por un lado, la curiosidad buena de conocer a Jesús; por otro, el riesgo de hacer una figura bochornosa. Zaqueo era un personaje público; sabía que, al intentar subir al árbol, haría el ridículo delante de todos, él, un jefe, un hombre de poder. Pero superó la vergüenza, porque la atracción de Jesús era más fuerte. Habréis experimentado lo que sucede cuando una persona se siente tan atraída por otra que se enamora: entonces sucede que se hacen de buena gana cosas que nunca se habrían hecho. Algo similar ocurrió en el corazón de Zaqueo, cuando sintió que Jesús era de tal manera importante que habría hecho cualquier cosa por él, porque él era el único que podía sacarlo de las arenas movedizas del pecado y de la infelicidad. Y así, la vergüenza paralizante no triunfó: Zaqueo —nos dice el Evangelio— «corrió más adelante», «subió» y luego, cuando Jesús lo llamó, «se dio prisa en bajar» (vv. 4.6.). Se arriesgó y actuó. Esto es también para nosotros el secreto de la alegría: no apagar la buena curiosidad, sino participar, porque la vida no hay que encerrarla en un cajón. Ante Jesús no podemos quedarnos sentados esperando con los brazos cruzados; a él, que nos da la vida, no podemos responderle con un pensamiento o un simple «mensajito».

Queridos jóvenes, no os avergoncéis de llevarle todo, especialmente las debilidades, las dificultades y los pecados, en la confesión: Él sabrá sorprenderos con su perdón y su paz. No tengáis miedo de decirle «sí» con toda la fuerza del corazón, de responder con generosidad, de seguirlo. No os dejéis anestesiar el alma, sino aspirad a la meta del amor hermoso, que exige también renuncia, y un «no» fuerte al doping del éxito a cualquier precio y a la droga de pensar sólo en sí mismo y en la propia comodidad.

Después de la baja estatura y la vergüenza paralizante, hay un tercer obstáculo que Zaqueo tuvo que enfrentar, ya no en su interior sino a su alrededor. Es la multitud que murmura, que primero lo bloqueó y luego lo criticó: Jesús no tenía que entrar en su casa, en la casa de un pecador. ¿Qué difícil es acoger realmente a Jesús, qué duro es aceptar a un «Dios, rico en misericordia» (Ef 2,4). Puede que os bloqueen, tratando de haceros creer que Dios es distante, rígido y poco sensible, bueno con los buenos y malo con los malos. En cambio, nuestro Padre «hace salir su sol sobre malos y buenos» (Mt 5,45), y nos invita al valor verdadero: ser más fuertes que el mal amando a todos, incluso a los enemigos. Puede que se rían de vosotros, porque creéis en la fuerza mansa y humilde de la misericordia. No tengáis miedo, pensad en cambio en las palabras de estos días: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7). Puede que os juzguen como unos soñadores, porque creéis en una nueva humanidad, que no acepta el odio entre los pueblos, ni ve las fronteras de los países como una barrera y custodia las propias tradiciones sin egoísmo y resentimiento. No os desaniméis: con vuestra sonrisa y vuestros brazos abiertos predicáis la esperanza y sois una bendición para la única familia humana, tan bien representada por vosotros aquí.

Aquel día, la multitud juzgó a Zaqueo, lo miró con desprecio; Jesús, en cambio, hizo lo contrario: levantó los ojos hacia él (v. 5). La mirada de Jesús va más allá de los defectos para ver a la persona; no se detiene en el mal del pasado, sino que divisa el bien en el futuro; no se resigna frente a la cerrazón, sino que busca el camino de la unidad y de la comunión; en medio de todos, no se detiene en las apariencias, sino que mira al corazón. Jesús mira nuestro corazón, tu corazón, mi corazón. Con esta mirada de Jesús, podéis hacer surgir una humanidad diferente, sin esperar a que os digan «qué buenos sois», sino buscando el bien por sí mismo, felices de conservar el corazón limpio y de luchar pacíficamente por la honestidad y la justicia. No os detengáis en la superficie de las cosas y desconfiad de las liturgias mundanas de la apariencia, del maquillaje del alma para aparentar ser mejores. Por el contrario, instalad bien la conexión más estable, la de un corazón que ve y transmite el bien sin cansarse. Y esa alegría que habéis recibido gratis de Dios, dadla gratis (cf. Mt 10,8), porque son muchos los que la esperan.

Escuchamos por último las palabras de Jesús a Zaqueo, que parecen dichas a propósito para nosotros en este momento: «Date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa» (v. 5). Date prisa, porque hoy es necesario que me quede en tu casa. Ábrele la puerta de tu corazón.

Jesús te dirige la misma invitación: «Hoy tengo que alojarme en tu casa». La Jornada Mundial de la Juventud, podríamos decir, comienza hoy y continúa mañana, en casa, porque es allí donde Jesús quiere encontrarnos a partir de ahora. El Señor no quiere quedarse solamente en esta hermosa ciudad o en los recuerdos entrañables, sino que quiere venir a tu casa, vivir tu vida cotidiana: el estudio y los primeros años de trabajo, las amistades y los afectos, los proyectos y los sueños. Cómo le gusta que todo esto se lo llevemos en la oración. Él espera que, entre tantos contactos y chats de cada día, el primer puesto lo ocupe el hilo de oro de la oración. Cuánto desea que su Palabra hable a cada una de tus jornadas, que su Evangelio sea tuyo, y se convierta en tu «navegador» en el camino de la vida.

Jesús, a la vez que te pide de ir a tu casa, como hizo con Zaqueo, te llama por tu nombre. Tu nombre es precioso para él. El nombre de Zaqueo evocaba, en la lengua de la época, el recuerdo de Dios.

Fiaros del recuerdo de Dios: su memoria no es un «disco duro» que registra y almacena todos nuestros datos, sino un corazón tierno de compasión, que se regocija eliminando definitivamente cualquier vestigio del mal. Procuremos también nosotros ahora imitar la memoria fiel de Dios y custodiar el bien que hemos recibido en estos días. En silencio hagamos memoria de este encuentro, custodiemos el recuerdo de la presencia de Dios y de su Palabra, reavivemos en nosotros la voz de Jesús que nos llama por nuestro nombre. Así pues, recemos en silencio, recordando, dando gracias al Señor que nos ha traído aquí y ha querido encontrarnos.

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