“Confirmo vuestra llamada, sostengo vuestra misión y bendigo vuestro carisma”


(Texto de Álvaro de Juana)

Espaldarazo a una de las realidades más importantes de la Iglesia: el Camino Neocatecumenal. El Papa Francisco recibió ayer en audiencia a casi 8.000 miembros de esta iniciación cristiana de adultos, que nació en Madrid allá por los años sesenta de la mano de Kiko Argüello, y que se ha convertido en una de las potencias de la nueva evangelización en la Iglesia. Así, el Pontífice argentino inauguró ayer 31 nuevas «missio ad gentes», formadas por 250 familias, algunas españolas, que partirán en los próximos meses a lugares remotos, donde la Iglesia apenas tiene presencia o donde existe más necesidad de ayudar a la gente. Y todo ello, a petición de los obispos.

«Hoy confirmo vuestra llamada, sostengo vuestra misión y bendigo vuestro carisma», dijo el Pontífice argentino a la vez que bromeaba: «Os apoyo, no porque Kiko Argüello me pague, sino porque quiero hacerlo». E insistió: «Lo hago porque quiero hacerlo». A los iniciadores, los españoles Kiko Argüello y Carmen Hernández, así como el sacerdote que los acompaña siempre, Mario Pezzi, les expresó su «aprecio y aliento por todo lo que, a través del Camino, están haciendo en beneficio de la Iglesia». «Yo digo siempre que el Camino Neocatecumenal hace un gran bien a la Iglesia», subrayó.

El Pontífice explicó que las nuevas familias misioneras «irán en nombre de Cristo a todo el mundo a llevar su Evangelio. ¡Que Cristo los preceda, los acompañe y haga cumplir esa salvación de la cual son portadores!», exclamó entre aplausos. Una misión para «los no cristianos que nunca han escuchado hablar de Jesucristo y los muchos no cristianos que han olvidado quién era Jesucristo», a quienes «la secularización, la mundanidad y tantas otras cosas han hecho que olviden la fe», aclaró, al tiempo que pidió: «¡Despierten esa fe!». La labor de estas familias no será nada fácil dada la creciente secularización de la sociedad. Consciente de ello, el Obispo de Roma comentó: «¡Cuánta soledad, cuánto sufrimiento, cuánto alejamiento de Dios! ¡Cuánta necesidad tiene el hombre de hoy, en toda latitud, de sentir que Dios lo ama y que el amor es posible!». Y ésta es «la tarea esencial» a la que son llamadas las familias: anunciar que «Cristo está resucitado, Cristo vive, Cristo está entre nosotros». Dirigiéndose de nuevo a ellas, dijo: «Ustedes han recibido la fuerza de dejar todo y de partir hacia tierras lejanas gracias a un camino de iniciación cristiana, vivido en pequeñas comunidades, en las que han vuelto a descubrir las inmensas riquezas de su Bautismo».

Alabando el carisma misionero de esta realidad eclesial, entre sus palabras incluyó una advertencia a toda la Iglesia recordando que «en varias ocasiones he insistido en la necesidad que tiene la Iglesia de pasar de una pastoral de simple conservación a una pastoral decididamente misionera».

Estas fueron las palabras del santo padre:

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Queridos hermanos y hermanas, buenos días a todos, y gracias, muchas gracias, los saludo a todos cordialmente y ante todo quiero decirles gracias por haber venido a encontrarse con el Papa. La tarea de Pedro es la de confirmar a los hermanos en la fe. Así también ustedes con este gesto han querido pedirle al Sucesor de Pedro confirmar su llamada, sostener su misión, bendecir su carisma. Y yo hoy confirmo vuestra llamada, sostengo vuestra misión y bendigo vuestro carisma.

¡Y lo quiero hacer! Lo hago, no porque él me ha pagado: ¡no! Lo hago porque quiero hacerlo.

Irán en nombre de Cristo a todo el mundo a llevar su Evangelio: ¡Que Cristo los preceda, los acompañe y haga cumplir esa salvación de la cual son portadores!

Juntos a ustedes saludo a los Cardenales y a los Obispos que los acompañan hoy y que en sus diócesis apoyan su misión. En particular, saludo a los iniciadores del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello y Carmen Hernández, junto con el Padre Mario Pezzi: también a ellos les expreso mi aprecio y mi aliento por todo lo que, a través del Camino, están haciendo en beneficio de la Iglesia. Yo digo siempre que el Camino Neocatecumenal hace un gran bien a la Iglesia.

Nuestro encuentro de hoy es un envío misionero, en obediencia a lo que Cristo nos ha pedido: «Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvará» (Mc 16, 15-16). Y estoy muy contento de que esta misión suya se desarrolle gracias a familias cristianas que, reunidas en comunidad, tienen la misión de dar los signos de la fe que atraen a los hombres hacia la belleza del Evangelio, según las palabras de Cristo: «Ámense como yo les he amado;  en esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos», (cfr. Jn 13,34), y «Que todos sean uno… para que el mundo crea» (cfr. Jn 17,21).

Estas comunidades, llamadas por los obispos, están formadas por un presbítero y por cuatro o cinco familias, con hijos también grandes, y constituyen una “missio ad gentes”, con un mandato a evangelizar a los no cristianos. Los no cristianos que nunca han escuchado hablar de Jesucristo y los muchos no cristianos que han olvidado quien era Jesucristo, quién era Jesucristo: “no cristianos bautizados” a quienes la secularización, la mundanidad y tantas otras cosas han hecho que olviden la fe. ¡Despertad aquella fe!

Pues, aún antes que con la palabra, es con su testimonio de vida que manifiestan el corazón de la revelación de Cristo: que Dios ama al hombre hasta entregarse a la muerte por él y que ha sido resucitado por el Padre para darnos la gracia de dar nuestra vida a los demás. De este gran mensaje el mundo de hoy tiene una extrema necesidad. ¡Cuánta soledad, cuánto sufrimiento, cuánto alejamiento de Dios en tantas periferias de Europa y de América y en tantas ciudades de Asia! ¡Cuánta necesidad tiene el hombre de hoy, en toda latitud, de sentir que Dios lo ama y que el amor es posible! Estas comunidades cristianas, gracias a ustedes, familias misioneras, tienen la tarea esencial de hacer visible este mensaje. ¿Y cuál es el mensaje? Cristo está resucitado, Cristo vive, Cristo está entre nosotros.

Ustedes han recibido la fuerza de dejar todo y de partir hacia tierras lejanas gracias a un camino de iniciación cristiana, vivido en pequeñas comunidades, en las que han vuelto a descubrir las inmensas riquezas de su Bautismo. Este es el Camino Neocatecumenal, un verdadero don de la Providencia a la Iglesia de nuestro tiempo, como ya lo han afirmado mis Predecesores; especialmente San Juan Pablo II cuando dijo: “Reconozco el Camino Neocatecumenal como un itinerario de formación católica, válida para la sociedad y para los tiempos de hoy” (Epist Siempre 30 de agosto de 1990: AAS 82 [1990], 1515). El Camino se basa en aquellas tres dimensiones de la Iglesia que son la Palabra, la Liturgia y la Comunidad. Por eso la escucha obediente y constante de la Palabra de Dios; la celebración eucarística en pequeñas comunidades después de las primeras Vísperas del domingo, la celebración de los laudes en familia en la jornada del domingo con todos los hijos, y el compartir la propia fe con otros hermanos, originan los muchos dones que el Señor les ha prodigado, así como las numerosas vocaciones al presbiterio y a la vida consagrada. Ver todo esto es un consuelo, porque confirma que el Espíritu de Dios está vivo y operante en su Iglesia, también hoy, y que responde a las necesidades del hombre moderno.

En varias ocasiones he insistido en la necesidad que tiene la Iglesia de pasar de una pastoral de simple conservación a una pastoral decididamente misionera (cf. ibíd., N. Evangelii gaudium, 15). Es lo más importante que debemos hacer si no queremos que las aguas se estanquen en la Iglesia. Cuántas veces, en la Iglesia, tenemos a Jesús dentro y no lo dejamos salir… ¡Cuántas veces! Esta es la cosa más importante por hacer si no queremos que las aguas se estanquen en la Iglesia.

El Camino desde hace años está realizando estas missio ad gentes entre los no cristianos, para una implantatio Ecclesiae, una nueva presencia de Iglesia, allí donde la Iglesia no existe o ya no es capaz de llegar a la gente. “¡Cuánta alegría nos dan con su presencia y actividad!” –  les dijo el beato Papa Pablo VI en la primera audiencia con ustedes (8 de mayo 1974: Enseñanzas del Papa Pablo VI, XII [1974], 407). También yo hago mías estas palabras y los animo a seguir adelante, confiándolos a la Santísima Virgen María, que inspiró el Camino Neocatecumenal. Ella intercede por ustedes delante de su Hijo divino.

Queridos, que el Señor los acompañe. Vayan, con mi Bendición Apostólica.

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