Jesús Serrat, in memoriam


Ampliamos la información con la carta manuscrita de Kiko Argüello dirigida a Mariví y a Antonio como recuerdo de Jesús Serrat.

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Nos hacemos eco del escrito de Juanjo Calles, párroco de Cristo Rey en Salamanca, sobre el fallecimiento del itinerante responsable del equipo de catequistas itinerantes del noroeste de España.

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El día 13 de Julio de 2012, pasadas las 17h de la tarde, en un hospital de Barcelona, sostenido por la oración de Mariví y Antonio y la de miles de hermanos neocatecumenales, en todo el mundo, pasó al Padre nuestro querido y estimado Catequista, Jesús Serrat. Su cuerpo agotado y exhausto tras la última intervención a la que había sido sometido, el trasplante de riñón que fraternalmente le había regalado su hermano Antonio, no fue capaz de revitalizar su organismo, ya muy debilitado, tras una vida dedicada en Cuerpo y alma a la evangelización. Tenía apenas 63 años, pero estaba tan desgastado que daba la sensación de tener más.

Jesús Serrat, con su pascua, ha cumplido el lema de San Pablo: “Con gusto me gastaré y desgastaré totalmente por salvar las almas” (2ª Cor 12, 15). Así ha vivido su última catequesis configurándose con Jesucristo el Siervo, varón de dolores, asumiendo que el Padre del Cielo le había asociado al misterio de la pasión de su Hijo y pudiendo decir como el apóstol de los gentiles: “Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo lo que falta a las tribulaciones de Cristo en mi carne, a favor de su cuerpo, que es la Iglesia, de la cual he llegado a ser ministro, conforme a la misión que Dios me concedió en orden a vosotros para dar cumplimiento a la palabra de Dios, al misterio escondido desde siglos y generaciones, y manifestado ahora a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria, al cual nosotros anunciamos, amonestando e instruyendo a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de presentarlos a todos perfectos en Cristo. Por esto precisamente me afano, luchando con la fuerza de Cristo que actúa poderosamente en mí’ (Cor 1, 24-29)

En efecto, cuantos hemos conocido a Jesús, hemos sido testigos de la actuación poderosa del Espiritu Santo en su ministerio como CATEQUISTA, siempre, desde la debilidad, haciendo visible la afirmación y experiencia apostólica de Pablo: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se realiza en la flaqueza. Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte” (2“ Cor 12, 9-10).

Jesús Serrat, ingeniero de profesión, miembro de la primera comunidad neocatecumenal de la Parroquia San Juliana y Semproniana de Barcelona, catecúmeno de Kiko Argüello y Carmen Hemández, sintió la llamada del Señor a dejarlo todo (profesión, familia y tierra) y seguirle como catequista itinerante el año 1973. La Divina Providencia quiso que, a sorteo, le tocase comenzar su ministerio catequético en la ciudad de Salamanca. Invitado por dos sacerdotes, Don Andrés Fuentes y Don Valeriano González, párrocos respectivamente de San Martin y Cristo Rey. En octubre del año 1973, iniciaba Jesús, acompañado de un presbítero (Enrique) y una joven (Maribel) las Catequesis Neocatecumenales en la ciudad charra obteniendo como cosecha el nacimiento de las dos primeras Comunidades Neocatecumenales en la Zona Noroeste de España, tras el nacimiento de la primera Comunidad Neocatecumenal nacida en Zamora el año 1967, por medio de la predicación de Kiko y Carmen. Inmediatamente después, vendrían, más catequesis, en más parroquias (San Juan Bautista, Peñarandau.,) y en más ciudades (Valladolid, León, Zamora, Segovia, Ávila, etc.).

Al final de su vida, Jesús Serrat, junto a Mariví Gorostiza y Antonio Riquelme ha sido y son el Equipo Responsable del Camino Neocatecumenal de la Zona Noroeste de España que abarca la región eclesiástica de Galicia, Castilla—León, Asturias, Santander y Extremadura. Han sido prácticamente Cuarenta años dedicados a gestar en la fe a miles y miles de fieles de toda clase y condición. Han sido miles de convivencias, pasos, peregrinaciones, eucaristías, visitas a comunidades, celebraciones de todo tipo, vividas con él y alentadas por su predicación. Han sido miles los encuentros personales con hermanos para amonestar, aconsejar y ayudar en situaciones familiares difíciles. Han sido centenares los encuentros con obispos y párrocos de las distintas diócesis (el último celebrado en Salamanca en noviembre del año pasado donde Jesús hizo su última presentación del Camino Neocatecumenal ante cinco obispos y un centenar de presbiteros)

Han sido miles los kilómetros recorridos con una salud precaria pero con una “fuerza de búfalo” como dice el Salmo 92,11. A lo largo de todos estos años de servicio eclesial y de Catequista itinerante hemos sido testigos de su paternidad espiritual y bien podemos aplicarle a él los mismos sentimientos que expresara el apóstol Pablo al decir: “¿Quién desfallece sin que desfallezca yo? (2“ Cor 11, 29)

Jesús Serrat ha ejercido admirablemente su vocación de partero de Cristo: «¡Hijos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto hasta ver a Cristo formado en vosotros!>> (Gal 4, 19), él, bien podrá decimos con palabras de San Pablo que “aunque hayáis tenido diez mil pedagogos en Cristo, no tenéis muchos padres. He sido yo quien, por el Evangelio, os engendré en Cristo Jesus. Os ruego, pues, que seáis mis imitadores” (1“ Cor 4, 15-16).

Tu voluntad, Jesús, de Ser enterrado aquí, en Salamanca donde iniciaste tu misión como Catequista Itinerante del Camino Neocatecumenal, es un signo elocuente de tu entrega total a Jesucristo y su Evangelio. Tú anticipaste tu hora y señalaste tu lugar para que todos cuantos nos acerquemos a rezar ante tu tumba descubramos que “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna” (Jn 12, 24-25)

¡Gracias, Jesús, por esta última elección y lección!, ¡Gracias, Jesús por el testimonio precioso de tu vida a los ojos de Dios y de los hombres!, ¡Gracias, Jesús, por habernos evangelizado desde la cruz del sufrimiento, la paciencia y la misericordia con los pecadores! ¡Gracias Jesús, porque has sido, para nosotros, un  icono viviente del Siervo de Yahvé llevando, siempre, en tu cuerpo el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifestase en nuestro cuerpo! De modo que la muerte actúa en nosotros, más en vosotros la vida” (2ªCor 4, 10-12)

¡Gracias, Jesús, por quedarte entre nosotros, con nosotros, y, por nosotros! ¡GRACIAS!

Querido hermano Jesús, hemos sido testigos de tu pascua, en ti se han cumplido de modo admirable las palabras dirigidas por San Pablo a su discípulo Timoteo cuando preveía cercana su muerte: “Porque yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente. He competido en la noble competición, he llegado a la meta de mi carrera, he conservado la fe. Y desde ahora me aguarda la corona de la justicia que aquel día me entregará el Señor, el justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que hayan esperado con amor su Manifestación” (2ª Tim 4, 6―8). Sí, has competido noblemente el combate de la fe, has llegado a la meta del Cielo y estamos seguros que el Señor te habrá salido a recibir para decirte: “Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mt 25, 21).

Descansa en la Paz del Señor y preparanos el camino a todos tus hijos espirituales que somos un ejército.

Juanjo Calles
(Párroco de Cristo Rey)
Salamanca

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