La Comunión en la mano (1ª parte)


Texto extraído de “Pastoral de la Eucaristía” de Pedro Farnés Scherer profesor de la Facultad de Teología de Cataluña y del Instituto Superior de Teología de Barcelona, director del Instituto de Teología Espiritual y asesor en liturgia del equipo responsable internacional del camino neocatecumenal

________________________________________________________________

Uno puede preguntarse si es realmente mejorar la celebración pasar de la comunión en la boca a la comunión en la mano.

La respuesta a esta cuestión no es quizá tan simple como se podría creer, pues en ella hay implicadas dos cuestiones de índole muy diversa: un detalle de mero rito material -sin importancia por tanto- y una cuestión -no sólo importante sino incluso fundamental- sobre el papel que juega el significado en los sacramentos. No distinguir bien entre estos dos aspectos y reducirlo todo a una simple cuestión de ceremonias podría significar que, en el fondo, no se capta el carácter sacramental que tiene la Eucaristía y se la reduce a un simple instrumento de la gracia que nos une a Dios independientemente de lo que significa. Ver de esta forma tan limitada y material la Eucaristía sería oponerse, no sólo a la más genuina tradición de la Iglesia oriental y occidental sino incluso a las enseñanzas más recientes del Concilio Vaticano II, que insiste en que los sacramentos son, no sólo instrumentos de la gracia, sino también símbolos que expresan nuestra fe (cf. SC 59).

El gesto concreto de “comulgar en la mano” no es en sí mismo un gesto importante

Los sacramentos son, en su naturaleza más íntima, símbolos con los que expresamos, vivimos y celebramos nuestra fe. Símbolos tan intensos que incluso “contienen aquello mismo que significan”, es decir símbolos “eficaces”.

En el caso concreto de la Eucaristía su simbolismo -la sacramentalidad, si se quiere emplear esta palabra sinónima que significa lo mismo que simbolismo- es múltiple, tanto por lo que contiene como por los modos con los que este contenido se significa. Por lo que contiene la Eucaristía es: fiesta, acción de gracias, anticipación escatológica del reino de Dios, participación en la muerte y resurrección de Cristo, don gratuito de Dios, etc. Y por los elementos visibles con los que estas realidades se expresan es: asamblea, mesa festiva, pan y vino, fracción del pan, canto unido a los coros de los ángeles y de los santos, etc.

De este conjunto de símbolos con que expresamos nuestra fe forma parte también el gesto de recibir la Eucaristía.

Este gesto, a través de la historia, se ha realizado de dos formas distintas: recibiendo el pan en la mano, como lo hacía la Iglesia antigua y ahora acaba de restaurarse como posibilidad, y recibiendo el pan en la boca, como lo estableció más tarde la práctica de los últimos siglos.

En nuestro momento actual, en que la Iglesia admite ambas maneras de hacer este gesto y cada uno puede escoger libremente entre estas dos formas, creemos oportuno subrayar que significativamente las dos maneras pueden expresar lo que contiene la Eucaristía. Comulgar recibiendo la Eucaristía en la mano es quizá un gesto más natural -por ello fue el gesto primitivo y sólo motivos teológicamente muy dudosos cambiaron en la Edad Media la práctica más antigua- pero comulgando en la boca, si el gesto se hace bien, se significa también la misma fe.

Hay otros gestos cuyo cambio mejora realmente la celebración: así por ejemplo, como afirma el nuevo Misal promulgado por Pablo VI, “la comunión tiene mucha más plenitud, por razón de su significado, cuando se hace bajo las dos especies, ya que en esta forma se manifiesta más perfectamente el signo del banquete eucarístico, se expresa más claramente la voluntad de ratificar la nueva y eterna alianza en la sangre del Señor y se ve mejor la relación que media entre el banquete eucarístico y el banquete escatológico en el Reino de Padre” (cf. IGMR 240). O bien, si se quiere poner otro ejemplo, el paso del Bautismo de infusión al Bautismo de inmersión es también importante, porque este último gesto, como dice el nuevo Ritual, es “más apto para significar la muerte y resurrección de Cristo” (Cf. Ritual del bautismo de niños, Notas pastorales, n. 37).

Del paso, en cambio, de la comunión en la boca a la comunión en la mano no puede afirmarse que constituya un cambio tan importante, pues el significado sacramental de recibir la Eucaristía se expresa de una manera suficientemente clara tanto recibiendo la Eucaristía en la mano como recibiéndola en la boca. Por ello precisamente es necesario no problematizar el cambio de disciplina introducido y procurar que cada persona obre con sencillez y libertad. Hay un caso únicamente -de él hablaremos más abajo- en el que ciertamente será recomendable comulgar en la mano: cuando con este gesto se facilite la comunión en el cáliz; en efecto, recibir la comunión bajo las dos especies es sin duda un gesto de la mayor importancia sacramental, y mucho más expresivo que comulgar sólo bajo la especie de pan.

Esta entrada fue publicada en PEDRO FARNÉS SCHERER. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s